El estándar en el mundo de software para “oficina” es Office de Microsoft. Lanzado al mercado en agosto de 1989 (hace ya 24 años) en un principio incluía Word, Excel y PowerPoint. Con el paso del tiempo, a esta “suite” de programas se le añadieron más funciones y también le fueron retirando algunas que simplemente no fueron exitosas.

Hoy en día “Excel” es casi un verbo, el formato de documentos “universal” es el .doc (típicamente relacionado con Word) y en presentaciones, PowerPoint también es una palabra común utilizada en muchos ambientes “te mando el PowerPoint” decimos.

Así las cosas, con el declive del uso de “computadoras personales” como las conocemos hasta hoy, además de los servicios de la nube, la suite de oficina ya no es tan indispensable. Seguramente cientos de miles de usuarios están contentos con lo que se conoce como Google Drive, donde se pueden crear todo tipo de documentos sin necesidad de instalar software adicional en la computadora.

Por otro lado, la “necesidad” de tener este software lo ha convertido, también, en uno de los más pirateados durante todos estos años. Tal vez por eso -y sólo tal vez- Microsoft lanzó hace unos meses el concepto de “Office 365” que ofrece, básicamente, licencias para hasta 5 computadoras y la posibilidad de usar la suite también a través de la nube, todo por 365 días con un costo anual de unos 1,000 pesos (precio para uso individual, en casa, no para empresas).

Quién sabe cómo le ha ido a Microsoft con esta estrategia en países como el nuestro, dónde la venta individual de programas sigue siendo vista como algo inusual, es decir, miles y miles de computadoras simplemente tienen software pirata y los dueños nunca han pagado un solo peso (curioso, ahora que WhatsApp modificó sus políticas y comenzó a cobrar en algunas plataformas, recibí muchos comentarios del tipo “¡No es posible que nos hagan esto! Ahora hay que pagar”. ¿Sabe cuánto? 13 pesos al año, sí, al año. Pero la mentalidad de “para qué pagar si lo puedo copiar” parece que sigue permeando de generación en generación).

Regresando a Office 365, por estos 1,000 pesos el usuario también recibe 20GB de almacenamiento en la nube, algunas llamadas gratis con Skype y la ventaja de tener actualizaciones permanentes y al instante. ¿Cuánto han vendido? No lo sabemos y Microsoft generalmente no reporta cifras individuales.

El problema con esto es que en el creciente mercado de tabletas y celulares, Microsoft tiene nula presencia, excepto obviamente en su propia versión “Windows Phone” que incluye las funciones de Office sin costo adicional. Ah, claro, y en la tableta Surface fabricada por ellos. Pero, ¿todas las iPads, iPods, iPhones, teléfonos y tabletas con Android en el mundo? No había Office para ellos, hasta, hace unos cuantos días.

La firma lanzó una versión de “Office Mobile” por lo pronto para iPhone (no para iPad)  pero el “detalle” es que para usarla, hay que ser suscriptor de Office 365, con lo que limita de forma importante a los posibles usuarios (por lo menos en estas latitudes). ¿Qué busca Microsoft con este lanzamiento? No tengo la menor idea. ¿Imagina que con esto logrará mayores ventas del servicio 365? No tengo la menor idea. ¿Será la única versión disponible? No tengo la menor idea.

Pero de lo que sí tengo idea es que la presencia y peso específico de Office –por lo menos en computadoras individuales que no pertenecen a empresas- irá disminuyendo con el tiempo. Tal vez poco a poco, de forma imperceptible, pero es claro que hoy en día, muchos pueden vivir sin Office en sus equipos. Además de que existen decenas de versiones alternas, gratuitas y “compatibles” por no decirles copias íntegras. ¿Cómo qué porcentaje de las funciones de la suite utiliza el usuario promedio? ¿Un cinco por ciento? Creo que exageré. ¿Se podrá  vivir sin Office de Microsoft en la computadora? ¿En la tableta o el celular? Espero tus comentarios.