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Sin duda alguna, la tecnología surge para facilitarnos algunas actividades y tareas cotidianas; finalmente es una extensión de la humanidad. Sin embargo, hay ocasiones en las que dejamos todo en sus manos, sin valernos por nosotros mismos.

No está mal que encontremos un refugio en la tecnología para no complicarnos las cosas, pero sí deberíamos aprender a separar las cosas y no ser completamente dependientes. Aplicaciones como Google Maps o Waze han sido sumamente funcionales para encontrar nuestros destinos o para poder ubicarnos.

Sin embargo, la facilidad que ofrecen dichas plataformas han hecho que la sociedad actual genere cierta sumisión, convirtiéndose completamente vulnerable y susceptible.

¿A qué viene todo esto? Recientemente se realizó un estudio por parte de unos científicos del University College de Londres, el cual afirmó que utilizar al Sistema de Posicionamiento Global, mejor conocido como GPS, apaga ciertas regiones y facultades del cerebro. Por ejemplo, en el 2011 se descubrió que los taxistas denotaban un crecimiento en el hipocampo por el aprendizaje de las calles. En ese entonces, memorizar caminos tenía un efecto benéfico para la memoria.

“Habitualmente, el hipocampo simula los desplazamientos en futuros caminos posibles, mientras que la corteza prefrontal nos ayuda a planificar cuáles nos llevarán a nuestro destino. Cuando la tecnología nos dice qué camino recorrer, estas partes del cerebro simplemente no responden ante la red de calles.”

El uso del GPS provoca que el hipocampo permanezca de manera pasiva y sedentaria, por lo que la toma de decisiones y la planificación podrían verse afectadas. Como consecuente, nuestro aprendizaje y desarrollo de habilidades se ven afectados.

Durante la investigación, se realizaron ciertas pruebas en las que los participantes circulaban sin la ayuda del GPS, su actividad en las áreas cerebrales sometidas a análisis denotaron picos elevados al momento de entrar en rumbos desconocidos y, específicamente, cuando se encontraban ante la posibilidad de varios caminos. En cambio, los que participaron con la utilización del GPS, no registraron ningún tipo de actividad cerebral inusual o adicional.

La investigación, encabezada por Hugo Spiers, tomó como muestra a 24 involucrados que tuvieron que recorrer las calles de Londres, mientras se encontraban inmersos en exploraciones cerebrales para determinar resultados más concretos. El estudio principalmente se enfocó a la actividad del hipocampo y la corteza prefrontal.

El cerebro automáticamente pierde el interés por conocer o memorizar caminos, porque sabe conscientemente que no requerirá de realizar grandes esfuerzos gracias a la existencia del GPS. Esto significaría que paulatinamente perdamos la habilidad ávida de aprender y memorizar, al igual que aprehender nuestro entorno.

Algo similar se decía con la existencia de las calculadoras y el razonamiento matemático que realiza el cerebro. Está bien que tengamos la facilidad de las herramientas tecnológicas, pero deberíamos realizar actividades que ejerciten nuestras facultades mentales, porque por adaptación biológica, aún no estamos preparados para llevar a cabo este ritmo de vida.

Referencia: The Guardian

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