Al despertarme la mañana del domingo (muy temprano para ser domingo), vi en mi celular las alertas que llegaron durante la noche a través de las apps de los periódicos notificando que Joaquín Guzmán Loera, conocido por sus cuates como el “Chapo”, se había vuelto a fugar de una cárcel de máxima seguridad.

Todavía medio dormido, tuve que verificar que se tratara de una noticia nueva y no de una broma del Deforma.com, ¡porque a eso sonaba!, ya que el narcotraficante se había fugado ya en 2001 y, sinceramente, sonaba irreal.

Al meterme a Twitter para comentar la noticia y ver qué comentaban los demás, me entró la sensación de que me había enterado demasiado tarde, lo cual es irrelevante para hechos prácticos, pero admito que me invadió ese sentimiento de culpa que le da a los tuiteros cuando no están en la discusión en tiempo real.

Pero la realidad es que enterarte antes o después de algo no te hace peor o mejor persona cuando tu trabajo o tu vida no depende de eso, ¿entonces por qué todos quieren ser los primeros en saber de algo y tuitearlo? Si no me creen, basta con ver la rapidez con la que los tuiteros avisan (avisamos) a sus contactos que está temblando o reportar la magnitud que tuvo el sismo incluso antes de que el Sismológico Nacional lo dé a conocer.

Otra cosa que observé es que todos los usuarios de redes sociales quieren opinar sobre cualquier acontecimiento, lo cual es estupendo, ya que es un ejercicio de libertad de expresión fenomenal que todavía no alcanzamos a valorar del todo; pero lo que sí es condenable es cuando todos tienen una teoría de lo que pasó, la defienden a morir (aunque no tengan ningún tipo de fundamentos) y, además, atacan a quien no piensa igual que ellos.

Durante las horas posteriores a la fuga del “Chapo” nadie sabía exactamente cómo se habían registrado los hechos (bueno, él y sus cómplices sí), pero las redes sociales ya estaban invadidas de todo tipo de teorías del complot, inclusive antes de que existiera una versión oficial (¡a partir de la cual ya se podrían tejer mejores teorías del complot!).

Para el mediodía, la noticia ya parecía vieja (porque, además, no había nada de información nueva) en las redes sociales y no había teoría o expresión de indignación que no se hubiera dicho ya. El tema, aunque seguía vigente, estaba un tanto agotado.

El análisis de la noticia se hizo en menos tiempo que el que tardaron las autoridades para actuar, y hoy, después de tantos tuits y posts en Facebook, todavía no se sabe nada concreto de cómo se dio la fuga o de dónde está escondido el “Chapo”.

¿Qué tan útil es discutir y acusar en las redes sociales si de todas formas el asunto principal no se soluciona? Ya hemos hablado en este espacio de los “activistas de sofá”, esos que quieren arreglar al mundo desde su cuenta de Twitter apoyando todo tipo de causas, pero ahora estamos viendo cómo emerge una variante de estos personajes, algo así como un CSI tuitero, verdaderos inspectores que creen que son capaces de encontrar al chapo con comentarios de 140 caracteres.

Hay muchas personas que participaron en esta fuga, desde los arquitectos e ingenieros que diseñaron el túnel hasta el personal de la prisión que lo dejó escapar, pasando por los familiares y el equipo cercano al “Chapo” que lo ayudó a fugarse… y esos no han dicho nada en Twitter o Facebook… y quizá nunca lo dirán. Son ellos quienes saben la verdad, nadie más.

En las redes sociales la verdad que cuenta es la de cada quién, no la de los verdaderos implicados, ya sea la de un Presidente que supuestamente no se lleva bien con su esposa o la de una cantante a la que, aseguran las masas, se le cayó una toalla sanitaria en vivo mientras se presentaba en televisión nacional.

Los usuarios de las redes sociales debemos aprender que éstas sí se pueden usar para cambiar el mundo, pero eso pasará únicamente cuando lo que se diga en ellas empuje a una verdadera acción… ¿por qué no, en vez de estar inventando teorías del complot sobre la fuga del “Chapo”, mejor nos ponemos todos a exigir que las autoridades hagan su chamba y lo detengan? Pedirles que pongan en orden a los penales, invitar a la sociedad a que evite todo tipo de corrupción o invitar a nuestros familiares y amigos a no comprar las drogas que alimentan este mercado ilegal. Eso casi no se hace en estas discusiones y en verdad que hace falta.

En resumen, no vamos a avanzar a ningún lado mientras queramos “agarrar” al “Chapo” a tuitazos.

Así de simple.