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Cualquier red, tanto física como digital, incrementa su valor al obtener más miembros o nodos. Bueno, esto es cierto en casi todos los casos con excepción de que sean miembros insoportables o que el espacio físico o virtual sea tan reducido que un usuario adicional represente un perjuicio para los anteriores.

En particular, las redes que transportan información como las comunicaciones o conversaciones de las personas son más valiosas mientras mayor sea el número y, obvio, la calidad de la información transportada. Esto ha hecho que los usuarios de telefonía obtengamos un beneficio cada que un conocido contrata un teléfono ya que ahora podríamos comunicarnos, cosa que no podíamos hacer antes.

Algo similar sucede con las redes sociales. Imaginemos el caso de una red social nueva en la que nos registremos, sin embargo, ningún conocido tiene perfil ahí. El valor de una red para cada uno de nosotros está en función de las personas con las que podemos interactuar. Por ejemplo, las aplicaciones de mensajería instantánea como Blackberry Messenger o Whatsapp son más o menos valiosas para cada persona de la misma forma que un Club Deportivo o Social lo es en la medida de la interacción que tengamos con sus integrantes.

Lo anterior no es un concepto nuevo. Robert Metcalf popularizó su “Ley de Metcalf“ al calcular el valor de una red como una proporción del cuadrado de sus nodos. Si bien esta ley es debatible debido a que no todos los nodos o miembros valen igual para cada persona, nos deja ver matemáticamente este efecto de red.

Aún más, existe una masa crítica que provee suficiente valor en las redes que las convierte en un mercado del tipo “el ganador se lleva todo“ (del inglés, winner takes all). Esto se da bajo condiciones de competencia en productos o servicios homogéneos pero con una masa crítica suficiente para ser más valiosa que cualquier otra red más pequeña.

Es por eso que en cuanto a la tecnología, entendiendo el efecto de red, la única vía para competir con redes preestablecidas exitosas es mediante la innovación disruptiva. Es decir, con un producto con características distintas adicionales que logren dar a los usuarios más valor, incluso con una red menor, y poco a poco inclinar la balanza hacia su producto o servicio. Y cabe aclarar que son muy pocos los casos en los que deja en completa obsolescencia a la red anterior ya que la mayoría de las veces coexisten ambas redes como complementarias.

Ahora, cada vez que se cuestionen el por qué Facebook o Twitter valen tanto, la respuesta será debido a la masa crítica de la sociedad que intercambia diariamente contenidos en ellas.

 

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