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El Mundial desinforma a los desinformados

En unos días se discutirá la creación de una nueva Ley de Telecomunicaciones en México, la cual será fundamental para el país en áreas económicas, políticas y sociales que van más allá de la creación de nuevos canales de televisión o de supuestas censuras a internet.

Esto, sumado a uno de los deportes nacionales que más apasionan a los mexicanos después del futbol, la especulación, que ha generado diversas teorías del complot, como la gran casualidad de que esas nuevas reformas serán discutidas los mismos días en los que se llevará a cabo la Copa del Mundo de Brasil 2014.

Muchas voces han dicho que este empalme de fechas se hizo para aprovechar que la atención de la ciudadanía durante esos días se enfoca más al Mundial y menos a asuntos “mundanos”, como una nueva Ley que toca temas, digamos, delicados, para ciertos sectores.

Lo cierto es que, aunque la televisión, los periódicos, los portales de internet y las estaciones de radio ocuparán grandes espacios con las novedades de Brasil, en realidad no se dejarán de transmitir noticiarios, las mesas de análisis político seguirán ocupando espacios y los columnistas y articulistas de los periódicos seguirán opinando sobre temas que van más allá del futbol.

Es decir, los desinformados seguirán siendo los de siempre: a los que en ningún momento les llega la información o aquellos a los que no les interesa informarse.

Durante gran parte de los años 80 había sólo seis canales de TV abierta en la Ciudad de México, mientras que en los estados había todavía menos opciones; en cuanto acceso a los canales de cable, había sólo una decena  de opciones y señales como la de CNN apenas hacían sus pininos.

La prensa en México padecía de un férreo control de parte del Estado y en la radio había cierta libertad de expresión en algunos espacios selectos; obviamente no había teléfonos celulares y el internet era sólo una invención del ejército estadounidense.

En ese panorama, censurar era una labor relativamente sencilla, ya que un sistema de monitoreo montado en una dependencia de Gobierno era suficiente para gestionar el envío de cartas de “aviso” o llamadas de “sugerencias” a los dueños de los medios de información y “darles línea”, es decir, “sugerirles” qué decir y qué no decir bajo amenaza de retirarles la concesión o de imprimirles algún otro tipo de castigo más severo.

En 2014, las opciones para leer periódicos, escuchar un programa de radio o ver un noticiario de televisión son mucho más amplias, los sistemas de cable y televisión satelital ofrecen opciones nacionales e internacionales y el internet prácticamente lleva a la palma de la mano la información más relevante del mundo, proveniente de miles de fuentes diferentes.

Aunado a esto, las redes sociales hacen que los temas expuestos por los medios puedan discutirse con otras personas e, inclusive, con aquellas que trabajan en los medios y con los políticos que crean y aprueban leyes.

En este nuevo panorama, suena hasta ridículo decir que “los medios no quieren que nos enteremos” de algún asunto en particular o que un acontecimiento como el Mundial opaque temas de interés nacional porque “desvían” la atención del público.

Es decir, si un medio decide en su línea editorial “encubrir” algún tema, habrá decenas de opciones más para conocer aquella noticia que le interese; pensar que el Mundial hará que la gente no se entere de los temas que se discutirán sobre la Reforma en Telecomunicaciones es como asumir que el público es estúpido. Así de simple.

Lo que sí hay que admitir es que a las personas que no tienen acceso a todos esos nuevos medios de información sí les pueden llegar noticias distorsionadas, pero ahí es donde entra la labor de todos los críticos de los medios: ¿por qué no informar a los desinformados?

Así, en pequeños entornos, una persona muy bien informada puede ayudar a informar a los desinformados, es decir, si conoces a alguien que sólo ve telenovelas y no noticieros, ¿por qué no explicarle estos temas y explicarles en qué les puede afectar?, ¿por qué no usar espacios como las aulas universitarias o las reuniones de la oficina para discutir e informar sobre el tema?, ¿en las reuniones sociales?, ¿durante la cena?

La labor de informar no es únicamente de los medios, y tampoco las personas tienen que esperar a que los medios les lleven la información cuando hoy se puede acceder a ésta de decenas de maneras diferentes.

Las nuevas maneras de informarse, como las redes sociales, han ayudado a llevar más información a más gente, pero también han ayudado a generar una nueva especie de “activistas de sofá” que gustan de utilizarlas para quejarse, pero hacen poco activamente por resolver problemas en la vida real.

Ahí queda la tarea.

Crédito de la imagen: ShutterStock.com
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