Científicos de Instituto de Medicina Regenerativa del Wake Forest Baptist Medical Center y del Laboratorio de Ingeniería de Tejidos del Hospital Infantil de México Federico Gómez reportaron con éxito el implante de las primeras vaginas cultivadas en laboratorio.

La vagina es el conducto fibromusculoso que une el útero con la vulva en la especie humana y que cumple una función reproductiva.

En el estudio los científicos fabricaron los órganos sustitutos a partir de las propias células de 4 jóvenes que nacieron con el Síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser, una condición genética rara en la que la vagina y el útero están subdesarrollados o incluso ausentes.

«Este estudio piloto es el primero en demostrar que la vagina puede ser construida en el laboratorio y utilizada con éxito en humanos. Esto puede suponer una nueva opción para los pacientes que requieren cirugía reconstructiva vaginal, tras un cáncer vaginal o lesiones en la zona”, dijo el Dr. Anthony Atala, director del Instituto Wake Forest Baptist Medical Center.

Las chicas tenían entre 13 y 18 años de edad en el momento de las cirugías y los datos del seguimiento anual han confirmado que los órganos mantienen su función normal.

«Tanto las biopsias tisulares, como las imágenes por resonancia magnética y los exámenes internos mostraron que las vaginas de ingeniería fueron similares a la estructura y función del tejido nativo», dijo Atlántida Raya Rivera, autora principal y directora del Laboratorio de Ingeniería de Tejidos en el Hospital Infantil de México Federico Gómez, donde se realizaron las cirugías.

Asimismo, las respuestas de las pacientes al índice de la función sexual femenina revelaron que estas tenían una réplica normal después del tratamiento, incluyendo deseo y relaciones sexuales sin dolor.

Las estructuras de los órganos fueron diseñadas utilizando músculo y células epiteliales (las que recubren las cavidades del cuerpo) a partir de una pequeña biopsia de los genitales externos de cada paciente. Las células se extrajeron de los tejidos, se expandieron y luego se colocaron sobre un material biodegradable que fue cosido a mano dándole una forma similar a una vagina.

Estos andamios se hicieron a medida para adaptarse a cada mujer. Alrededor de cinco a seis semanas después de la biopsia, los cirujanos construyeron un canal en la pelvis del paciente y suturaron dicho armazón a las estructuras reproductivas pertinentes.

La investigación previa realizada en el laboratorio de Atala demostró que una vez que los andamios celulares son implantados en el cuerpo, se forman los nervios y los vasos sanguíneos, las células se expanden y se forma el tejido.

Al mismo tiempo que el material es absorbido por el cuerpo, las células forman una estructura de soporte permanente reemplazando gradualmente el anclaje diseñado con un nuevo órgano.

Los autores subrayan la limitación de este estudio debido al pequeño tamaño de la muestra, por lo que apuntan la importancia de ganar más experiencia clínica con la técnica y compararla con los procedimientos quirúrgicos establecidos.

Antes de iniciar el estudio clínico piloto, el equipo de Atala evaluó vaginas de laboratorio construidas para ratones y conejos a principios de 1990. En estos estudios, los científicos descubrieron la importancia del uso de las células en los andamios.

El equipo de Atala utilizó un enfoque similar para diseñar vejigas que fueron implantadas en nueve niños en 1998, convirtiéndose así en pioneros en la implantación en seres humanos de órganos cultivados en laboratorio. El mismo grupo de expertos también implantó con éxito en pacientes de la misma franja de edad uretras artificiales.

Referencia: The Lancet