IMG_0788El aeropuerto internacional de Narita, que sirve a la gran metrópoli de Tokio en Japón tiene un horario de servicio de 6AM a 11PM. ¿Por qué? ¿Se encuentra en problemas? ¿Alguna situación especial con el personal? ¿Está en reparación? ¿Sindicatos presionando y exigiendo jornadas cortas de trabajo? ¿No hay demanda de vuelos? Nada de eso. Los japoneses que viven en Tokio y sus alrededores no quieren ver perturbado su sueño con el ruido de los aviones.

Así, igual de impresionado me quedé al conocer este y muchos otros detalles de algunos aspectos generales del Japón, que tuve la fortuna de visitar justo la semana pasada. Fue un viaje lleno de trabajo con una agenda completa, pero siempre encontré tiempo para averiguar más particularidades de esta nación que es copiada por muchos y amada por otros. De alguna forma, después de la segunda guerra mundial Japón ha sido sinónimo de tecnología y desarrollo. En este Desde el Teclado compartiré algunos apuntes que me llamaron la atención durante una semana que trabajé en varias ciudades del archipiélago.

Celulares.- por más que busqué y busqué a muchos japoneses con el último grito en la moda tecnológica, no los encontré. Obvio todos tienen por lo menos un celular, pero lejos de ver el panorama con puro teléfono inteligente en la mano, encontré con que las versiones “Flip” o de tapa son las que más gustan, con pantalla grande alargada pero curiosamente con teclado numérico, no QWERTY. En todas las tiendas de electrónica que entré había oferta de iPhones y BlackBerry a través de los carriers competidores, sin embargo, el modelo más usado no era ninguno de estos dos.

WiMax.- Amplia oferta de dispositivos para conectarse a Internet de forma inalámbrica usando la red WiMax, algo así como lo que conocemos como “banda ancha móvil” (de hecho los adaptadores son los mismos) pero usando esta tecnología que lleva años en el tintero y que promete un “gran” ancho de banda. La oferta era igual que en México: puedes comprar una netbook con precio subsidiado si contratas un plan forzoso a varios meses o simplemente el servicio de conexión pagando un poco por el adaptador. No tuve la oportunidad de probar la velocidad de conexión por medio de WiMax.

Oferta de electrónica.- En los barrios de “electrónica” (algo parecido a la zona de la Plaza de la Computación en México) existe una excesiva oferta de los mismos productos y servicios que puede encontrar un visitante ocasional como un servidor. Y para comparar es como si un japonés busca artesanía en México. En el grueso de los lugares habrá básicamente los mismos productos y sólo en algunos especializados se encuentran opciones que salen de lo normal. Así, los pisos y pisos de los concurridos almacenes, tienen un buen de inventario pero no encontré productos asombrosos o que no conociera. Eso sí, nunca había visto tanta variedad y opciones. Por ejemplo, compré unos despertadores para el buró y fácilmente tuve que seleccionar de entre más de 100 modelos.

El metro.- silencio y una tensa calma es lo que se vive a bordo de los vagones del metro y tren bala que pude tomar. Está prohibido (no sé si por ley o por costumbre) el hablar por teléfono a bordo del sistema de transporte y la gente no la vi muy “entrada” en su teléfono. Usé el metro en hora pico y en hora sin tanta gente y muchos iban callados, simplemente dejando pasar el tiempo. Otros con audífonos y los menos, consultando algo en la pantalla de su celular. Esperaba ver al 90% de la gente “clavada” en su cel, viendo la tele, videos, chateando, jugando… pero no me tocó.

Reciclaje.- Estuve en Japón cubriendo una asignatura del Canal 40 para la firma Panasonic y parte de la agenda incluyó la visita a una planta de reciclaje de esta compañía, que junto con otras de origen japonés reciclan un sorprendente 60% de televisiones, aires acondicionados y refrigeradores al año. Existe una ley que dicta que el consumidor debe reciclar el producto antiguo y las casas comerciales ayudan a cumplirla pues se encargan de recibir el aparato viejo y enviarlo a estas plantas de donde se procesa y se obtienen materias primas para otros propósitos.

Cobertura celular.- Llevé de México el servicio de roaming de Telcel (que amablemente me proporcionaron para usarlo y probarlo allá) y en todo lugar tuve unas cinco barras de señal 3G, incluso en zonas no tan urbanas. La velocidad de la red no me sorprendió demasiado. Un poco más rápida que la de México, pero nada del otro mundo.

Podría seguir contando muchas experiencias y asuntos que aprendí de mi estancia de una semana en el Japón, como por ejemplo el que no puedes comprar un automóvil si no tienes lugar en dónde estacionarlo (así de sencillo, punto). Impresionante y sorprendente como las leyes son creadas para tener un mejor entorno y una vida menos acelerada y amigable con el medio ambiente. No encontré al japonés hiper tecnologizado que tenía en mente. Al contrario, pude ver a muchos habitantes conviviendo con la tecnología de forma natural, más no excesiva. Gozando de la vida y pujando como otras naciones por un mejor desempeño económico porque hay que recordar que a mitad de los noventas sufrieron una importante crisis de la cual todavía no se recuperan.

Orden, disciplina, trabajo, apego irrestricto a las leyes y una cultura que conserva sus tradiciones basadas en la religión dominante. Nada de robots por la calle ni de excesos tecnológicos. Un poco de algunos de estos ingredientes no nos caería mal, ¿no crees?