La tendencia actual de cómo se juegan los videojuegos está cambiando a pasos agigantados. Siempre hemos tenido la idea que para hacerlo necesitamos de un intermediario, ya sea una consola casera o portátil, un smartphone o una tablet. Sin embargo, este esquema es probable que cambie muy pronto.

Desarrollar videojuegos cada vez es más caro y nos encontramos con producciones que en muchas ocasiones sobrepasan los 100 millones de dólares. A este costo hay que agregarle la tarifa de tener que imprimir y distribuir los títulos a las tiendas, pero las compañías se han dado cuenta de que para este aspecto existe una alternativa.

¿Por qué invertir tanto en grabar discos y en la distribución física si actualmente existen servicios que me permiten hacerlo de forma digital? Probablemente eso es lo que se han preguntado las compañías durante los últimos años y muchas de hecho ya siguen este modelo, al mismo tiempo que mandan una cantidad muy limitada de discos a las tiendas tradicionales.

Lo más probable es que en la próxima generación de consolas, es decir con los sucesores del Wii U, PS4 y Xbox One, la distribución de todos los juegos sea totalmente digital y las tiendas, en lugar de venderte una caja con un disco, te venderán un código para descargar el juego. Esta opción es probable que prevalezca por mucho tiempo, ya que aún existen personas que tienen miedo de ingresar los datos de sus tarjetas de crédito en línea.

Pero poniendo nuestra mirada en un futuro más a largo plazo, es casi un hecho que los videojuegos se jugarán en la nube y que ésta será la única opción de hacerlo. Con el éxito que han tenido empresas de streaming en video como Netflix, las compañías de videojuegos cada vez más están viendo una oportunidad de negocio en este tipo de servicios.

De este modo, los jugadores sólo tendrían que pagar una cuota mensual para tener acceso a un enorme catálogo de juegos que jugarían por medio de una pequeño aparato, como el Apple TV, con todo el procesamiento de los mismos sucediendo en la nube.

Este modelo traería ventajas tanto a las compañías publicadoras como a los consumidores. Para las primeras, los costos de distribución se verían totalmente eliminados y sólo tendrían que pagar por el almacenamiento y mantenimiento de sus computadoras que estarían corriendo los juegos en tiempo real, mientras que para los jugadores, nunca tendrían que volver a comprar una consola de videojuegos en su vida.

De hecho, este servicio ya lo ofrecen compañías como Sony o Electronic Arts, pero sólo con pocos juegos, y otras empresas, como OnLive, que se adelantó a su época, fracasaron en su intento para que este modelo de videojuegos funcionara, ya que la infraestructura de Internet en el mundo aún no es la adecuada, por lo que hay que esperar a que pasen unos años más para que todos los países tengas conexiones de alta velocidad.

Y es que es claro que para que este modelo funcione, se necesitan tener buenas conexiones a Internet, ya que si muchas personas están conectadas a la misma red, el ancho de banda para cada persona se reduce bastante e imposibilita el poder jugar los títulos adecuadamente.

Al mismo tiempo, es importante resaltar que debido al lag (tiempo de respuesta) que este tipo de servicios implicaría, los desarrolladores necesitarían tener en cuenta ese aspecto para que sus juegos funcionen con ese pequeño retraso en mente y que el jugador no lo note.

Al final, todo indica que estamos lejos de que este modelo entre en vigor, pero es casi un hecho que sucederá tarde o temprano, sobre todo porque las prioridades de las personas ya no son como antes: en lugar de esperar por tener el cartucho o el juego en disco físico para atesorarlo con nostalgia en su casa, ahora los consumidores prefieren la inmediatez, sin importar el formato, algo que se extiende a prácticamente toda la industria del entretenimiento.