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Todo lo que se vende y se compra está sujeto a la oferta y la demanda. Quienes fabrican productos buscan la manera de hacerlos atractivos y que de alguna manera, se conviertan en necesidades creadas. Cuando esto ocurre lo que se logra son consumidores cautivos que comprarán los productos que produzca una marca en específico.

Si lo que se vende son servicios, por ejemplo, los cines, buscan de hacerse de clientes cautivos a través de promociones especiales, tarjetas que dan puntos o descuentos por cada vez que uno va a la sala cinematográfica, etcétera. Estas tarjetas pretenden premiar la fidelidad del cliente y para muchos, si voy con frecuencia al cine y además, me sale más barato en la cadena A, o bien, me dan descuentos por cada caja de palomitas que compro, ¿por qué dejar de ir?

En el software pasa lo mismo. Las empresas que escriben programas, aplicaciones, buscan ganarse a los consumidores dando más opciones por el mismo precio que da la competencia. Curiosamente, si hablamos de sistemas operativos, la gente tiende a seguir una inercia que no es fácil de quitar. Si alguien ha usado Windows siempre, será difícil hacerlo cambiar por otro sistema operativo, aunque dé más prestaciones. Será muy complicado que cambie porque ese usuario ya sabe cómo hacer las cosas en su sistema operativo y la curva de aprendizaje siempre resulta un inconveniente. De hecho éste es el éxito de Microsoft: ganaron el gran mercado, primero con MsDOS y después con Windows. Y esa inercia, que la tiene más del 90% de los consumidores no será fácil de cambiar.

Este mismo efecto parece verse en los sistemas operativos de los teléfonos llamados inteligentes. Tenemos que los dos grandes competidores, Apple con su iOS y Google con su Android, ambos comparten este mercado en el que la empresa de la manzana atacó pronto y antes que los demás con su iPhone, el cual implementó un modelo de negocios con tienda virtual y miles y miles de apps que podían descargarse directamente al teléfono. Android -desde luego- ya copió el exitoso esquema de Apple y gracias a que hablamos de un sistema de código abierto, varios fabricantes lo están impulsando. En mi opinión pasará lo mismo que pasó entre PC y Mac. IBM abrió la PC a todo aquel que quisiese fabricarla y se quedó con el gran pastel. Apple decidió mantenerse cerrado y tiene un 7% del mercado mundial. Ellos controlan todo, hardware y software, por lo que en el fondo se vuelve elitista y más caro. Este comportamiento parece estar repitiéndose ahora entre Android e iOS.

De hecho, en el modelo de la tienda virtual, podemos ver que los desarrolladores -no importa la plataforma- ponen muchas veces dos versiones de sus programas: una gratuita y otra de paga. La que es gratis puede tener menos funcionalidad o quizás la misma, pero no puede uno evitarse que se desplieguen anuncios en la pantalla del teléfono. La versión de paga elimina los anuncios pero hay algo claro: hay que pagar para eliminarlos. Sin embargo, es una opción que la mercadotecnia ha puesto en manos de los desarrolladores para que puedan promover sus productos y en todo caso incluso hacerse de algún dinero aunque la versión sea “gratuita”.

Pero todo este comportamiento se da en las aplicaciones comerciales más poderosas y usadas por las personas, por ejemplo, las suites informáticas, que contienen procesador de palabras, manejador de bases de datos, hoja de cálculo y sistema de presentaciones al menos. Microsoft vende desde hace muchos años una: Office, la cual ha logrado posicionarse en el mercado como una de las mejores y por ello, siguen sacando versiones que hacen más cosas, que tienen más diccionarios, más correctores ortográficos, que pueden guardar en más formatos, etcétera. Evidentemente cada nueva versión de Office cuesta su buena cantidad de dólares, incluso si es una actualización -cuando Microsoft promueve esta posibilidad.

Pues he aquí que tengo una máquina ultrabook portátil, de Hewlett-Packard, la cual tiene una versión de Office Starter. Empecé a usar el procesador de palabras, Word, y hallé que tiene toda la funcionalidad del original, pero por un pequeño gran detalle: la pantalla no muestra toda la hoja en la que escribo, sino una parte. En el 25% de la pantalla, a la derecha de la misma, está ocupada por una barra en donde Microsoft pone anuncios de sus productos. Esta barra no se puede eliminar (al menos en todo lo que he intentado no se deja), y puedo entenderlo, esta versión “starter” es como para que pruebe pero con esta evidente incomodidad, esperando que sea suficiente incómoda como para que decida comprar la versión sin esta restricción.

Entiendo que es una maniobra más de la mercadotecnia, porque es esto o mejor no dar versión de prueba. Antes habían usado un esquema en donde el software podía usarse por 30 o 60 días, pero claramente esta restricción se la puede brincar un avezado hacker probablemente. Aquí no, porque la restricción es en el fondo más de raíz y si se puede quitar, seguro costaría mucho trabajo lo cual lo hace invíable.

Yo comprendo que las empresas hacen estos trucos para convencer primero y después vender. Aquí la cuestión tiene varias vertientes como solución: la primera es hacerse de la versión de paga; la segunda es aguantarse la restricción; la tercera es usar suites de software libre como OpenOffice o LibreOffice o por último, conseguir el software pirata. ¿Con cuál se queda?

 

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