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La plataforma Kindle me parece una de las mejores para poder publicar contenidos (libros en particular, desde luego), que se tenga actualmente. Por una parte es popular y por otra, a los autores les dan una buena cantidad de alternativas para promover sus trabajos, incluso poniéndoles el precio de venta de cada uno de ellos. Por una parte, el formato de publicación es algo muy parecido a HTML y por ello los libros Kindle pueden leerse de igual manera en diversas plataformas, tanto de escritorio como móviles. De hecho, generar un libro en este formato se puede hacer desde Microsoft Word (e incluso OpenOffice o LibreOffice) y el propio Amazon tiene una guía gratuita indicando paso a paso cómo debe hacerse llamada “Building Yur Book for Kindle”.

Para tener éxito y que la publicación quede bien, tal vez lo más importante es utilizar los “estilos” de Word, los cuales algunos ya vienen en la barra de elementos que pone Word en la pantalla (en su parte superior). Esto es importante porque algunos estilos se usan para poder generar la tabla de contenidos, entre otras cosas. No obstante, si se nos ocurre usar la tecla tab (tabulador), para mover texto, hallaremos que a Kindle esto no le gusta y el formato se puede echar a perder o no verse adecuadamente en todos los dispositivos.

Kindle tiene un programa además, que permite observar cómo se verá el libro recién formado (antes de subirlo a Amazon). Es algo así como un emulador. No obstante esto, hay que reconocer que este sistema es engañoso, porque por ejemplo, si usamos un tipo de letra (una fuente), que Kindle no maneja, entonces ya en el libro final, si esta fuente no existe en la máquina o dispositivo del usuario, Kindle la cambiará por otra. Esto puede ser un grave problema de repente el cual no podremos notarlo aparentemente porque al ver nuestra obra en el formato electrónico, con los tipos de letra que tenemos instalado, no observaremos ningún problema.

De hecho, enfrenté este problema porque llevo ya una buena cantidad de tiempo escribiendo un libro sobre Aron Nimzowitsch, el cual pensé, debería ponerlo en Kindle y ver qué tanta aceptación tiene. Los que no sepan de libros de ajedrez imaginarán al menos que hay toda una notación en el juego, para describir las jugadas que se hacen. En los libros antiguos (antes de los años setenta del siglo pasado), se usaba la notación descriptiva. Por ejemplo, la Ruy López, variante del cambio, podría escribirse así 1. P4R, P4R 2. C3AR, C3AD 3. A5C P3TD 4. AxC PDxA. Hoy en día se usa la notación algebraica y esta misma apertura se pondría así: 1. e4 e5 2. Cf3 Cc6 3. Ab5 a6 4. Axc6 dxc6. Sin embargo, en los libros modernos, tal vez por la influencia de la publicación yugoeslava, el “Informador Ajedrecístico”, que empezó a salir cada 6 meses con las mejores partidas del semestre anterior (y que ahora sale cuatro veces por año), las piezas, que en general son R(ey), D(ama), A(lfil), C(aballo) y T(orre), y se utiliza la inicial de cada una (a excepción del P(eón), que se omite y así, cuando no aparece, hablamos que es una jugada de peón), pero que en el Informador aparece una figurita (ver imagen más abajo), que muestra la pieza. De esta manera, la apertura Ruy López, con la variante del cambio de la que hablamos, podría ponerse así (arriba pueden verse las figuritas que representan cada pieza, Rey, Dama, Alfil, Caballo y Torre.

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Todos los libros modernos ponen las jugadas como en el ejemplo anterior, usando el tipo “figurine” de ajedrez, es decir, el tipo de letra corrrespondiente a las piezas de ajedrez (hay varios estilos de este tipo de figuritas de ajedrez disponibles en el formato TrueType). Sin embargo, la plataforma Kindle no acepta cualquier tipo de letra sino que se adhiere a unos pocos (me parece que son máximo 8). Así, un libro de ajedrez escrito para usarse en formato electrónico Kindle, no puede crearse con figurines porque no es un tipo de letra que use comúnmente esta plataforma.

Lo mismo pasa con los diagramas de ajedrez, los cuales representan muchas veces posiciones claves de las partidas que aparecen en los libros. Un diagrama de este tipo puede verse así:

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Hay tipos de letra (truetype), que permiten hacer diagramas. Hay letras que representan cada pieza en casilla blanca o casilla negra y se pueden formar diagramas completos. De nuevo, esto es un problema para Kindle, porque este sistema no acepta tipos de letra tan específicos. La plataforma está diseñada para libros con los tipos de letra más comunes y aunque parece que hay herramientas para poder poner tipos de letra embebidos, no parece garantizar que los libros Kindle se vean bien en cualquier dispositivo. En resumen, y esto parece que puede aplicarse a libros que contengan tipos de letra específicos, diferentes a los que Kindle maneja por omisión: no se verán bien en ningún dispositivo que tenga el programa de lectura de Kindle o bien, en cualquier dispositivo móvil incluyendo el propio Kindle Reader y podríamos no notarlo si dichos tipos de letra los tenemos instalado en nuestra máquina.

¿Qué hacer? En particular para los libros de ajedrez la solución es utilizar diagramas que sean imágenes (aunque el resultado final sea de muchos más megabytes pues los diagramas serán imágenes JPG), y en la anotación de las partidas no usar los figurines, sino las letras que representan a cada pieza. Pienso que este problema puede darse en otro tipo de libros e imagino que poco a poco, con el avance de la tecnología, estos problemas se resolverán. Mientras tanto, hay que tomar en cuenta estos detalles que la guía Kindle no indica. De hecho, todo esto lo hallé en un libro que me costó 73 centavos de dólar (From Word to Kindle), de Aaron Shepard. Una guía de hecho mucho más amable que la que presenta Amazon y que menciona los potenciales problemas que pueden surgir cuando uno decide formar un libro para la plataforma Kindle.

Si usted está pensando en publicar un libro para Amazon Kindle, busque algunas de las guías más usadas para formar los libros para esta plataforma. Se puede, evidentemente, hacer con las indicaciones del libro gratuito que se puede descargar de Amazon, pero francamente, hay más de un autor que explica de mejor manera lo que la empresa virtual de libros debería explicar.

 

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