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Twitter y Facebook son las redes sociales más populares en el mundo. Por alguna razón que desconozco, Facebook acabó literalmente con Orkut, Hi5 y otras. Goggle plus -me da la impresión- no ofrece nada novedoso a pesar de que su filosofía pareciese ser relativamente a la que se ve en Facebook, pero en donde queda claro, no parece poder hacerle sombra al sitio de Mark Zuckerberg. Algo parecido pasa con Twitter. Ha salido alguna competencia pero de nuevo, pasa desapercibida para las mayorías. ¿Qué tienen Facebook y Twitter que las hace tan populares? Misterio.

Uno de los atributos de Twitter, que no tiene Facebook, es la capacidad de hacerse de seguidores, “followers” les dicen, en donde cuando a alguien le interesa saber qué es lo que expresa otra persona, se le puede seguir dando click a un botón. Si después nos fastidia, podemos dejarlo de seguir. Es así de simple. Sin embargo, tenemos a muchos personajes populares que por razones múltiples, se llenan de seguidores contínuamente. Hablamos de gente que de alguna manera está en los medios. Por ejemplo, Britney Spears tiene casi 33 millones de seguidores, una cifra monumentalmente grande y mayor que la cuenta de Barack Obama, que tiene un poquito más de 32 millones, 210 seguidores. Suena curioso, pero aparentemente hay tanta gente interesada por lo que diga la Spears que lo que comente el presidente del país más poderoso del planeta.

A nivel local el tema más o menos se parece. Por ejemplo, Joaquín López Dóriga, el locutor de noticias, tiene casi 3 millones de seguidores, mientras que Peña Nieto tiene 2 millones 200 seguidores, aproximadamente. De nuevo, hay más gente interesada en lo que diga un lector de noticias que el presidente de nuestro país. Un asunto que quizás merecería un estudio más profundo.

En Twitter, un mecanismo para replicar mensajes es el “retweet”, el cual funciona así: si un mensaje de alguien a quien yo sigo, es interesante, puedo replicarlo a través de este mecanismo y todos mis seguidores recibirán en su “timeline” el mismo. De esta manera -uno podría suponer- si le pedimos a alguien que retuiteé una petición nuestra, este mensaje podría llegar a cientos de miles… ¿pero es así? Yo creo que es un espejismo.

Por ejemplo, supongamos que le pedimos a López Dóriga que retuiteé un mensaje nuestro. Si él lo hace, supuestamente lo recibirán unos 3 millones de personas pero… si estas personas no están en línea y su “timeline” tiene muchos mensajes, probablemente estos desaparezcan en un tiempo muy breve, pues la comunicación por Twitter es más o menos así, superficial, en 140 caracteres, que se mueven en esta línea de tiempo de nuestras cuentas y que rápidamente desaparece de nuestra vista, aunque podría seguir disponible si buscáramos en particular los mensajes pasados.

Y en ese sentido pasa lo mismo en Facebook. Hay líneas de discusión que pueden llegar a ser muy interesantes pero de pronto pasan los días, se muere la conversación y aunque ésta no desaparece literalmente del sitio, queda visualmente  inaccesible pues nuevos artículos y discusiones van apareciendo en nuestro “timeline” de Facebook. Digamos que de nuevo, la información deja de estar presente y si no estuvimos por algunos días conectándonos a Facebook, podríamos estar perdiendo información que nos pudo haber sido valiosa.

La comunicación por Internet es notable y el hecho de la existencia de las redes sociales demuestra que cada día estamos más cerca, sí, pero cada vez somos más superficiales. Pasamos de un tema que tiene poca importancia a otro que tiene quizás incluso menos importancia. Las conversaciones y discusiones días después de generarse, se van olvidando y desaparecen. Vamos, tenemos que las redes sociales son un mundo light, un mundo de comunicación intrascendental, breve, que muere en pocos días para que las nuevas discusiones y comentarios se pongan por encima de estas. Y con esta reflexión en mente ¿vale la pena seguir en las redes sociales? Estoy empezando a tener mis más severas dudas.

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