En los últimos meses, el Abogado General de los Estados Unidos, Rod Rosenstein, se ha convertido en el líder de una cruzada contra el “cifrado fuerte”, la “encripción fuerte”, en donde evidentemente, información cifrada de esta manera es prácticamente imposible de decodificar sin la llave correcta. Rosenstein ha dicho “Hemos entrado a un diálogo público con un número de compañías de tecnología en una variedad de áreas de negocios. Hay algunas que quieren cooperar con nosotros, pero en este particular tema de la encripción, las compañías de tecnología se están moviendo en una dirección opuesta. Se están moviendo de hecho a garantizar sistemas de encripción”.

Y es que a los gobiernos no les gusta que los ciudadanos protejan su información, cifrándola para que nadie más que las personas asignadas puedan leer o usar dicha información. Para ello argumentan que los criminales pueden sacar ventaja de estos esquemas y además, apelan al que “nada debe, nada teme”, aunque se les olvida alguna fundamental: el derecho de los ciudadanos a la privacidad. Así que más allá de si alguien cifra sus datos para que no puedan ser vistos por las razones que sea, está en su derecho y esto es lo que debe defenderse.

La batalla contra la encripción de datos tiene ya sus años. En 1990, el aparato judicial estadounidense buscaba evitar que las personas pudiesen cifrar su información. Ahora Rosenstein pide “una encripción responsable”. Pero ¿qué quiere decir con esto? De acuerdo a Riana Pfefferkorn, una profesional del Centro Stanford para el Internet y la Sociedad, no está nada claro e quién tiene que caer la supuesta responsabilidad de la que habla Rosenstein.

“Pienso que Rosenstein está obteniendo lo que él cree que las compañías en sus sistemas de encripción deberían responsabilizarse sobre el cumplimiento de la ley y de la seguridad pública, más que ser responsable de que sus usuarios usen ecosistemas más amplios de seguridad. Indica Pfefferkorn que con los asuntos como la intrusión rusa en la elección presidencial del 2016 en Estados Unidos, el Departamento de Justicia siente que hay “sangre en el agua”, buscando de una manera agresiva presionar al Congreso de manera que se tome acción contra empresas como Apple o Google. Pfefferkorn hace notar que en la era Trump, el Departamento de Justicia no es muy diferente al que existía en la época de Obama, en donde las políticas sobre encripción eran bastante similares. “En general, no ha habido un corrimiento en la forma en como se aplica la ley en este sentido de la criptografía”, indica Pfefferkorn. Vamos, que desde el 2015 los argumentos del Departamento de Justicia no han cambiado mucho.

En busca del cifrado perfecto

En julio del 2015, un equipo completo de criptógrafos y de científicos de cómputo llegaron a la siguiente conclusión: “La complejidad del entorno actual de Internet, con millones de apps y de servicios conectados globalmente, significa que las nuevas medidas para que la ley se cumpla requieren de introducir problemas detectables de seguridad no anticipados”, se escribió en un artículo al respecto. “Pero más allá de estas y otras vulnerabilidades técnicas, el prospecto de tener globalmente acceso excepcional a estos sistemas abre la dificultad de saber quién debe gobernar estos y cómo asegurarse de que estos sistemas respetarán por ejemplo, los derechos humanos”.

Pfefferkorn hace notar que toda la argumentación no tiene nada moderno y que buscan simplemente mantener los poderes existentes y el status quo como está, sin considerar siquiera los derechos de las personas a la privacidad. Vamos, no hay nada nuevo. Sin embargo, los expertos coinciden que es imposible construir sistemas de encripción fuertes que pudiesen hacer que los gobiernos pudiesen acceder en ciertas condiciones. En otras palabras,sistemas fuertes de encripción que sean fáciles de usar, modernos y comunes, son un factor que puede hacer cambiar muchas reglas del juego entre los seres humanos.

El asunto va entonces en esta dirección: “si la criptografía fuerte está fuera de la ley, entonces solamente los que estén fuera de la ley podrán tener encripción fuerte”, indica Pfefferkorn.

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