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Sólo unas horas después de que 150 personas murieran cuando el avión en el que viajaban se estrellara (o lo estrellara el copiloto) en los Alpes franceses, cientos de fotos de varios de ellos empezaron a circular por redes sociales y medios de información, la mayoría tomadas de los perfiles de Facebook de las víctimas.

Así, en medios de todo el mundo se podía leer, ver y escuchar verdaderos obituarios de las personas que acababan de perder la vida destacando cualquier dato que apareciera en su perfil, como el lugar en donde vivían, cuántos hijos tenían, cuál era su trabajo y hasta qué planes tenían en los próximos meses.

Sin consultar a los familiares o amigos (quienes acababan de perder a alguien cercano o hasta muy querido), los medios y usuarios de las redes sociales empezaron a presentar verdaderas biografías de los pasajeros y difundieron fotos de sus viajes, sus amigos, sus trabajos y diferentes momentos tristes y alegres de sus vidas.

La última foto subida a sus redes sociales de varios de ellos, como la de una de las dos víctimas mexicanas, se convirtió en una imagen difundida en todo el mundo, más allá de la red, y sus estados fueron utilizados como si fueran citas textuales… como si hubieran entrevistado a los muertos, pues.

Hoy, la urgencia de los medios por ser los primeros en informar cualquier cosa, hace que se publiquen noticias sin confirmar, exageraciones, mentiras, datos de la vida privada y fotos que, en otros momentos, sólo hubieran sido mostradas durante alguna reunión familiar.

Lo que subimos a Facebook o a cualquier red social es hoy material de uso común, se puede convertir en la huella que dejemos en la vida y, quizá, en un legado que no quisiéramos heredar.

Dicen que no es bueno juzgar a las personas por su apariencia, y lo mismo debería aplicar para juzgar a las personas por su Facebook, o para decir que conoces a alguien con sólo leer su perfil o los comentarios de sus contactos.

Siempre se dice que hay que ser cuidadoso con lo que se pone en redes sociales, pero nunca dicen que tu información puede ser mal utilizada después de que te mueras.

También es escalofriante pensar que la última foto que subes a Facebook pudiera ser la imagen que le dé la vuelta al mundo minutos tras tu muerte, pero el avionazo de Germanwings nos debe enseñar que también hay que pensar en la huella que le dejaremos al mundo… a través de nuestras redes sociales. Así de simple.

Desde la Red…
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