Perdida desde el 2003, la nave Beagle-2 fue finalmente descubierta en la superficie marciana por el Mars Reconnaissance Orbiter (MRO). El análisis de las imágenes revela que sobrevivió al aterrizaje del 25 de diciembre del 2003, liberando parcialmente sus páneles solares en dicho planeta. No se recibió ninguna señal después del supuesto aterrizaje, por lo que se temió que la nave hubiese chocado violentamente contra la superficie marciana. Hoy parece confirmarse que no fue así.

El Beagle-2 se lanzó el 2 de junio del 2003, con la misión de ver si Marte pudo haber alojado vida de alguna manera, tal y como la conocemos en la Tierra. La nave (junto con sus restos) se encontraron en el área esperada en donde iba a aterrizar, un cráter cerca del ecuador marciano. Esto parece demostrar que la nave sí se asentó en el suelo marciano, pero por alguna razón no pudo liberar sus páneles solares y por ende, jamás pudo iniciar sus comunicaciones con la Tierra.

«Estamos muy contentos de saber que el Beagle-2 hizo ‘touch-down’ en Marte», dijo Alvaro Giménez, director de exploración científica y robótica de la Agencia Espacial Europea. «La dedicación de varios equipos al estudiar las imágenes de alta resolución para halar la nave ha sido inspirador», agregó.

Los tres conjuntos de imágenes capturados por la cámara de alta resolución montada en la nave de la NASA MRO, sugieren que el Beagle-2 ejecutó con éxito su entrada a la atmósfera marciana, descendió y realizó el procedimiento de aterrizaje como se esperaba, posándose suavemente en la superficie del planeta rojo. La detección de la sonda puso a prueba las capacidades de las cámaras de alta resolución. El análisis de las imágenes muestran que la nave sólo pudo abrir tres de sus cuatro páneles solares.

La imposisbilidad de abrir todos sus páneles explica porqué no fue capaz la nave de comunicarse a la Tierra cuando alcanzó el suelo marciano. El diseño del Beagle-2 exigía que todos los páneles solares se abrieran para descubrir la antena de radio necesaria para transmitir a la misión en la Tierra.

Y aunque no hay realmente ninguna posibilidad de corregir esta problemática en el Beagle-2, los ingenieros pueden ahora sentirse quizás aliviados porque se sabe qué pasó y conocer el lugar donde terminó la misión de dicha nave, amén de aprender de esta experiencia para que los futuros diseños no sufran la misma suerte.

Referencias:

GizMag