El 19 de septiembre de 1985 a las 7:19AM me dirigía al colegio. No sentí el temblor pues estaba manejando. Llegué a clase de 7 (tarde, por cierto) y pregunté a mis compañeros “Estuvo fuerte, ¿no?” Y la respuesta fue un “sí” a secas. Terminando esa clase, salí a un local de comida en frente de la escuela y ahí, por lo pronto, no se veía el “Canal 2” (ahora Las Estrellas). Era raro, pero no había señal. Nadie, pero nadie, se imaginaba lo que había pasado. Por fin sintonizaron un radio y comenzamos a seguir la narrativa de los locutores en turno… pero todo era muy confuso y realmente la información era igual del tipo “no está confirmado, pero parece que pasó esto”.

Así es que un par de horas después emprendí el regreso a casa. Recuerda que no había celulares, entonces, no podías comunicarte con nadie de forma inmediata. De hecho, buena parte del país quedó incomunicada interna y externamente al derrumbarse un centro de “larga distancia” de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y entiendo que de Telmex también.

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Todo eso lo supe, por supuesto, después. En esas horas que siguieron al temblor, a través de la tele podías más o menos enterarte de lo que había pasado y siempre estaba el radio para obtener más datos, aunque fuera de forma hablada.

Recuerdo que salí a la calle a intentar llevar ayuda o víveres al edificio delegacional y después de una tensa calma, todos estábamos realmente pegados a la televisión. Pasó ese día. Al siguiente, me dediqué a recorrer varios puntos (por donde nos dejaban pasar), llevé a un par de personas que necesitaban llegar a un destino, en fin, volví a llevar artículos de primera necesidad a un “centro de acopio” y el asunto fue la réplica de ese día. Nos agarró a todos ya con los nervios de punta.

Pasó la réplica y mis amigos y yo salimos de inmediato a la calle, a ver qué podíamos hacer. Paramos en un restaurante Vips que está (creo que ahí sigue) sobre Av. Insurgentes y la calle de Holbein, en donde compramos un café para aguantar la noche. De repente llegaron unos como rescatistas al mismo lugar y la plática fue breve pero inolvidable para mí “Nos acaban de avisar que después de la glorieta de Insurgentes, ya no hay ciudad, todo está derrumbado”.

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Con esa información nos quedamos durante muchas horas … no había forma de corroborarlo y “les creímos”, pues eran trabajadores de rescate. Por supuesto eso no era cierto. Las noticias falsas siempre han existido, la diferencia ahora es que se propagan a la velocidad de la luz, y parece que algunos piensan que “ayudan” pasando esos mensajitos por WhatsApp y demás redes.

Luego le sigo. Este sismo me ha traído muchos recuerdos del de hace 32 años, pero algo ha cambiado por supuesto: la tecnología, así como sirve para enviar mensajes estúpidos, también ha servido para que algunos atrapados debajo de escombros, puedan comunicarse y dar señales de vida. No dejo de sorprenderme y espero que sigan encontrando más y más personas con vida.

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