A todos nos ha pasado la trágica historia en la que compartimos nuestros datos personales con una empresa para alguna finalidad específica y luego resulta que vendieron nuestra información a terceros con motivos de publicidad. Esto se traduce, por lo menos, en incesantes llamadas para vendernos bienes y servicios que no nos interesan o, simplemente, en recibir una gran cantidad de correo no deseado o spam.

Afortunadamente, los principales órganos defensores de los consumidores a nivel mundial han brincado a favor de los usuarios finales para, en la medida de lo posible, reducir este tipo de prácticas.

Por poner un ejemplo, Facebook es la red social que cuenta con la mayor cantidad de información personal de los usuarios que han subido de forma voluntaria y, por lo mismo, la venta de datos personales de sus usuarios ha sido una gran tentación para incrementar sus utilidades en el corto plazo.

Y no es la única.

Google ha ido un poco más allá al vender publicidad personalizada dependiendo de las palabras escritas en nuestros correos electrónicos, y aunque afirman que es un algoritmo el que busca las palabras claves, para muchos representa una invasión a su privacidad.

Sin embargo, imaginemos el caso en el que está prohibido comprar o vender información personal de las personas o empresas, ¿qué sucede si existe una fusión entre la empresa que quiere la información y la empresa que tiene esos datos?

En ese sentido, las aplicaciones que utilizan sistemas de geolocalización como Foursquare, Waze o los mismos mapas de Google, recopilan información relevante sobre la posición geográfica de los usuarios, que en caso de poder combinarse con datos demográficos de las personas serían una mina de oro para la publicidad segmentada.

Es por eso que la reciente compra de Whatsapp por parte de Facebook genera cierta desconfianza entre los defensores de la privacidad. Por una parte, tienes a la red social más grande con información personal y, por otro, las conversaciones, teléfonos, fotos y videos que se comparten de forma privada entre teléfonos inteligentes.

Si bien hubiera sido escandalosa la compra de los datos personales de Whatsapp por parte de Facebook, al hacer la compra de toda la empresa de mensajería virtual me pregunto, ¿no compraron también las bases de datos personales? Parece que el problema no es de principios sino de precio.