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Llevo ya unos pocos años accediendo a las redes sociales, las dos más usadas: Facebook y Twitter, y en un principio suenan muy interesantes. De hecho, he hallado viejos amigos a través de Facebook principalmente e incluso, con uno que otro nos hemos vuelto a reunir. Aparte de eso, me da la impresión que Facebook -a pesar de lo que potencialmente pudiese tener- se usa para cuanta tontería se nos ocurre. Y no es que piense que una red social debe estar llena de grandes frases, de inteligencia pura o de un nivel académico relevante. No. Pienso que hay espacio para todo género de actividades y pensamientos, para ser solemnes o escandalosos. Se vale todo, nomás que con medida y eso es -lo que empiezo a detectar- lo que simplemente no parece estar pasando.

Facebook cada día se llena más de frases apócrifas. Basta con que alguien ponga una foto atractiva de algún personaje célebre y le adjudique una frase fantástica (casi todas de autoayuda). Gracias a Photoshop y Google se puede hacer esto con cualquier personaje y listo, no faltará quien comparta esa imagen una y otra vez. De alguna forma Facebook parece manual de autoayuda.

Pero no pasa sólo eso. En Facebook podemos hallar duras discusiones sobre asuntos de interés nacional: la Suprema Corte de este país, Florence Cassez, la explosión en las oficinas de Pemex, etc. Estas discusiones a veces tienen sentido y en ocasiones incluso se calientan los ánimos y se llega en consecuencia a las descalificaciones e insultos personales. Hay que tener la cabeza fría para no caer en la tentación de entrar en esta dinámica de verduleras y seguir intentando dar argumentos. El problema es que a veces ya las condiciones de la discusión dejan de ser las adecuadas y no se enriquece nada, no se llega a conclusión alguna.

Facebook, pienso, es como un monstruo de mil cabezas, que tiene de todo y para todos: juegos, discusiones, fotos, una manera de hacerse de amigos, etc., sin embargo, creo que su gran potencial -el de movilizar gente, el de impedir abusos del gobierno- por ejemplo, simplemente se desperdicia. La razón de esto es que los que discuten acaloradamente desde su nicho de la izquierda mexicana, por ejemplo, pueden tener razón en muchas cosas, pero no actúan. Están en su zona de confort y de ahí no se mueven y háganle como quieran. Son revolucionarios de sillón, virtuales, de teclado, que en la vida real no mueven un dedo aunque claro, si se les confronta saldrán con argumentos como: “no sabes nada de mí ni lo mucho que hago por este país”, etc… En pocas palabras, se desperdicia una posibilidad social importante para generar el cambio.

Con Twitter creo que es peor. Hay una infinita cantidad de personas que no tienen nada que hacer y que por ello, están contínuamente posteando mensajes de cuanta tontería y babosada se les ocurre. Y un ejemplo son los “trending topics”, como los que ahora pongo, copiados de Twitter hace unos segundos:

  • #SustituyeTítulosDeLibrosPorPeda
  • #LaDelgadaLineaEntre
  • #ComoComenzarUnaDiscusión
  • #10ConfesionesDeMi
  • #EseVerboTanMexicano

Estos son las tendencias que en este momento leo. Ahora bien, si vamos a discusiones más serias supuestamente, si alguien dice algo “políticamente incorrecto”, le caen encima entre muchos, le echan montón. Aunado a que aquí muchos tienen apodo y no aparece su nombre real, se pueden leer los peores insultos porque alguien escribió un tuit defendiendo una postura.

El punto es que de nuevo, esta red de microblogging no va a ningún lado. Los medios, principalmente la TV, hablan contínuamente de las redes sociales y hacen referencia a ellas porque son un termómetro para medir audiencia. Quien crea que cuando en un programa de TV el locutor dice: ” escríbanme a mi twitter o facebook. Díganme qué piensan de … (poner el tema que más les interese)”. En realidad esta midiendo qué tanta gente ve el programa. En el fondo le importa un bledo lo que piensen los tuiteros que les escriben.

Y sí, hay frases muy ingeniosas en los tuits, sin duda, pero eso no puede ser el común denominador. En mi opinión las redes sociales están siendo desperdiciadas en lo que realmente pueden hacer por las comunidades y por las ciudades o países en donde se usan. Se dice que un dictador de quién sabe qué país cayó gracias a las redes sociales. No. Corrección: Hubo acciones reales, no una infinta cantidad de tuiteros tecleando. Nada de eso. Ningún cambio se hace desde el teclado.

Facebook y Twitter me recuerdan en muchos sentidos a los chats o bien las ya casi desaparecidas conversaciones en Ms Messenger, por ejemplo. En muchos casos era perder el tiempo hablando en ocasiones con desconocidos en donde, de pronto, nos aburríamos o se aburrían de nosotros y se acababan las conversaciones desconectándose. Simple pérdida de tiempo.

Por ello, estoy pensando seriamente que está llegando el momento de salirme de Facebook y Twitter. Es realmente perder el tiempo porque nada cambia, porque nos quedamos en este país en donde nunca pasa nada. Sin acciones que reflejen lo que escribimos, estoy seguro, es absolutamente prescindible tener estas redes sociales.

Desde la Red…
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