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Científicos de la Universidad de Drexel en Philadelphia han desarrollado unos microrobots bautizados como “swimmers” o nadadores, los cuales esperan puedan ser utilizados para desbloquear los vasos sanguíneos ocluidos causantes de los infartos.

Actualmente el tratamiento para estos casos es realizar un cateterismo. Sin embargo, los pacientes muchas veces se ven sometidos a listas de espera y mayores complicaciones. Estos microrobots, sin embargo, se pueden mover de arriba hacia abajo o viceversa, en todas direcciones, y logran diluir los obstáculos que se encuentren en los vasos sanguíneos, por pequeños que éstos sean.

Una vez en la zona, los microrobots comienzan a realizar un movimiento característico de taladro, capaz de romper la barrera que produce el bloqueo en la arteria, abriendo el paso y permitiendo la circulación libre, refieren los desarrolladores.

Los robots están hechos de tres pequeñas cadenas de óxido de hierro unidos por diversos componentes químicos. Esto es necesario para poder diseñarlos con el tamaño necesario.

spirochete-swimmer

El material se degrada naturalmente en el cuerpo, de manera que todos los componentes terminan desapareciendo con el tiempo. Una vez dentro, los robots son sometidos a un campo magnético capaz de hacerlos girar para eliminar la obstrucción.

El campo magnético se puede emplear para dirigir la disposición de los microrrobots así como dirigir la velocidad y dirección. Es un sistema mínimamente intrusivo, biodegradable y muy prometedor para el campo médico. De hecho, sería una de las primeras aplicaciones útiles de la microrrobótica aplicada a la medicina.

Por el momento, estos nanorobots se pondrán a trabajar en conjunto con un ensartado arterial desarrollado en la ETH Zurich. La idea es colocarlos exactamente en el sitio de una obstrucción y hacer que el impacto inicial sobre la superficie y seguir con el “taladro” hasta que se diluya el obstáculo.

La OMS refiere que las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de defunción en todo el mundo.  Más de 17.3 millones de personas murieron en 2008 de infarto de miocardio o de accidente vascular cerebral.

Referencia: Drexel

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