En las últimas décadas, nos hemos acostumbrado a la vigilancia vía cámaras de circuito cerrado. Las vemos en tiendas, edificios, instituciones, incluso casas. Tan nos es familiar esto que muchas veces ya ni siquiera nos percatamos que hay cámaras que nos ven y nos graban.

A muchos no nos molesta esta práctica pero otros les parece una grave intromisión a su vida privada. Para aquellos que se encuentran en este último grupo, es bueno enterarse de las consecuencias reales de esta vigilancia vía cámaras de circuito cerrado.

Muchos sistemas de vigilancia consistían en cámaras analógicas que estaban cableadas a un sistema de grabación central. Sin embargo, esto era francamente costoso, por lo que la industria consideró hacerse de una solución más barata. La solución vino con el uso y desarrollo de las cámaras IP.

En este caso, cada cámara tiene su propia dirección IP y envía directamente video a la red. No hay necesidad de una grabadora digital o de una plataforma de control. En lugar de eso hay una grabadora en la red que maneja todo lo que se refiere a grabación y al movimiento incluso que tiene cada cámara. Así, siendo mucho más baratas las cámaras IP, empezaron a ganar terreno en el mercado rápidamente y no se espera que descienda la demanda de esta tecnología.

Sin embargo, el mayor problema que enfrentan este tipo de cámaras es el de la seguridad. En los sistemas de viglancia analógicos, era difícil para los hackers tratar de obtener las imágenes que esas cámaras enviaban a una central. Con las cámaras IP, es muy fácil localizarlas físicamente y ver lo 1que la cámara está grabando en tiempo real, por cualquiera que tenga un módico conocimiento de computación y que sepa cómo buscar en Google.

Una vez que la cámara IP está instalada y en línea, los usuarios pueden acceder con su propia dirección IP interna o externa, en cuyo caso los usuarios tienen simplemente que cargar un applet para su navegador (típicamente escrito en Flash, Java o ActiveX), para ver la grabación en vivo, controlar las cámaras o verificar sus valores con que está trabajando.

Pero más grave aún parece ser el hecho de que hay muchas comunidades en línea que buscan cámaras IP inseguras y discuten sus intereses en los respectivos foros virtuales. Estas comunidades han puesto públicamente una larga lista de cámaras inseguras que trabajan con las búsquedas en Google.

Con esa lista en las manos, es posible buscar con Google cámaras IP inseguras alrededor de todo el mundo. Se pueden hallar entre otras, cámaras en pueblos, campus universitarios, plazas públicas, oficinas de médicos, tanques de acuario y tiendas de departamentos. Algunas de estas cámaras son obviamente inseguras porque no hay un problema real de privacidad, pero se teme que otras, especialmente aquellas instaladas en tiendas, puedan dar información invaluable a quien quiere robar o cometer algún otro ilícito.

Por suerte, todas las cámaras IP tienen modos de proteger la invasión desde el mundo virtual de Internet. Basta con colocar los candados en el “setup” de la cámara. Desafortunadamente mucha gente no lee el manual o bien no le parece importante hacerlo, algo parecido a lo que pasa con el Internet inalámbrico, que en muchas casas no está encriptado y cualquiera se puede colgar a esa señal. Las contraseñas pueden hacer maravillas en estos casos

Fuente: net-security

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