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No existe el Blue Monday, sólo es mercadotecnia: UNAM

Algunos expertos de la universidad han explicado que el fenómeno de “el día más triste del año”, no es más que un concepto mercadológico.

El Blue Monday o el día más triste del año, que se desarrolla el tercer lunes de enero, es una mentira, aseguran los expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

De acuerdo con los investigadores, la idea de un día donde la mayoría de las personas están decaídas o sin ánimos para realizar sus actividades diarias, es un concepto meramente mercadológico para aumentar las ventas de viajes.

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A pesar de que se ha señalado que este día en especial es triste porque se juntan varias malas situaciones, como el término de las fiestas decembrinas, la cuesta de enero, y la asimilación de un nuevo gobierno, la realidad es que eso no es una base sólida para creer en él.

Según explica el académico de la Facultad de Psicología, Hugo Sánchez, lo mencionado no es un pretexto válido para un estado de ánimo:

“Una vez que concluyen las festividades de diciembre y las reuniones sociales, para muchas personas este mes es un período de autocrítica y evaluación, o de reflexión y melancolía, pero sin llegar a una situación patológica”.

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El negocio de la tristeza

Además de la explicación que han dado los expertos de la UNAM, está el hecho que se descubrió desde hace un par de años cuando la empresa Sky Travel estaba buscando una forma de incrementar sus puntos de venta.

La manera que encontraron fue el crear el Blue Monday, un día que era sumamente triste, porque el clima y las deudas originadas por las fiestas de fin de año lo ocasionaban, y que podía evitarse si se viajaba fuera de la ciudad.

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Esto fue sumamente astuto, ya que millones de personas de todo el mundo lo creyeron ciegamente, a pesar de que no hay pruebas fidedignas, pues según explica Sánchez las condiciones en las que se siente alegría, desconsuelo u otra emoción, dependen de variables ambientales, las cuales cambian de acuerdo a las circunstancias, edad, género, u otros factores.

En pocas palabras, el estado de ánimo depende de uno mismo y no de una ideología que llegó a sugestionar a más de una generación.

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