Los Stingrays son sistemas electrónicos que imitan las torres de telefonía móvil para así recabar datos sobre los celulares cercanos a la misma. El Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (DHS por sus siglas en inglés) ha reconocido públicamente que observó actividad anómala e inusual en Washington D.C. derivada del uso de este tipo de aparatos. De acuerdo al gobierno, estos dispositivos pueden interceptar llamadas y mensajes de los teléfonos celulares.

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Este tipo de espionaje tiende a considerarse parte de las actividades que hacen las potencias extranjeras dentro de los Estados Unidos. El problema quizás es que por primera vez el gobierno mismo confirma públicamente al existencia de los Stingrays dentro de su territorio. También se sospecha, evidentemente, de criminales e incluso de grupos terroristas, aunque no se dice nunca quienes pueden ser estos. Desde luego, esto planeta un problema de seguridad interno cada vez más alto.

Una de las cuestiones curiosas es que la Agencia de Inteligencia de los Estados Unidos, la CIA, usa este tipo de dispositivos para pode hackear teléfonos e incluso televisores, todo esto de acuerdo con WikiLeaks. Los Stingrays pues son aparatos de vigilancia que imitan las torres de telefonía que pueden verse en muchas azoteas de edificios (aunque del tamaño de un maletín), en prácticamente cualquier ciudad donde hay telefonía celular. Vamos, si la señal se transmite «por el aire», siempre habrá manera de interceptarla, o al menos ése es el principio. El nombre deriva de la marca de un tipo de interceptor IMSI (siglas en inglés de identidad internacional del suscriptor de un móvil).

Los Stingrays pueden engañar a los celulares pidiéndoles información para transmitir su ubicación y den información extra. Así, los teléfonos que estén en la zona se conectan y comparten su número IMSI y su número de serie electrónico ESN. En algunos casos pueden decir exactamente dónde se encuentra un usuario. Y quien crea que esto sólo se ve en la ciencia ficción, cabe recordar cuando a Pablo Escobar, el narcotraficante, lo ubicaron por estar hablando desde un teléfono celular con uno de sus hijos, lo cual le llevó a la muerte (1993). La tecnología que se usó en ese tiempo fue francesa y británica.

Los Stingrays pueden reconocer actualmente dónde está el teléfono de algún usuario, así como recabar información de equipos cercanos. Hay equipos que incluso pueden escuchar llamadas, pero para ello se requiere usar 2G, un tipo de conexión mucho más insegura. Algunos equipos Stingray se colocan debajo de los autos y en ocasiones en aviones.

Afortunadamente, los usuarios tienen herramientas para protegerse. Una de ellas es cifrar sus comunicaciones en la medida de lo posible o bien, usar sistemas de mensajería con esta capacidad. Se supone que, por ejemplo, WhatsApp ofrece esta posibilidad a los usuarios.

Pero el asunto de los Stingrays lo puso sobre la mesa el senador de Oregon, Ron Wyden, quien el 26 de marzo de este mismo año, envió al DHS una carta en la que pedía información sobre estos dispositivos. La respuesta del organismo fue en el sentido de que no se habían tomado aún muchas medidas al respecto. Se aseguraba en dicha respuesta, que se había observado actividades anómalas en la región de la capital del Estado que parecen estar relacionadas con interceptores IMSI. Añadió inclusive que se observó actividad parecida fuera de la capital del país, aunque no puedo dar más datos al respecto.

Por supuesto que en Estados Unidos este asunto tiene ya cola que le pisen. Por ejemplo, las fuerzas policiales de los Estado Unidos son monitoreadas por la Unión Estadounidense para la Libertades Civiles (ACLU), lo que también habla de que aquí nadie es tan inocente como dice ser y que «buenos y malos» usan estos equipos que en general son ilegales y violentan la privacidad de los afectados.

Por ejemplo, en un informe del 2014, la ACLU dijo que el estado de Florida había gastado unos 3 millones de dólares en Stingrays. La policía indicó, sin embargo, que no podía dar ningún detalle sobre el uso de esta tecnología. Así de transparentes son también en el primer mundo. El abogado de la ACLU indicó que la respuesta era «inaceptable» indicando que «esta tecnología plantea serias preguntas bajo la Cuarta Enmienda (la normativa que protege el derecho a la privacidad y el derecho a no sufrir una invasión arbitraria)» y agregó: «el público tiene el derecho a la divulgación completa de los registros para poder participar en un debate informado sobre la legalidad y el alcance de esos dispositivos, y supervisar su uso».

Lo que es interesante es que los Stingrays llevan años usándose en los Estados Unidos y esto lo sabe el FBI. pero lo que es nuevo es que los organismos legales locales parecen haberlos adquiridos. Hay evidencia de que la policía de Arizona, California y Florida tienen este tipo de dispositivos. De acuerdo con los investigadores, algunas autoridades usan ese sistema para tener más datos sobre potenciales criminales y sospechosos. Pero como pasa en todos estos asuntos, no parece haber un límite a cómo se usan y en qué momento violan los derechos de los ciudadanos.