Enciclopedia Británica

Tras una historia de 244 años, la Enciclopedia Británica dejará de imprimirse. La última edición, que pasa a ser objeto de colección, es la publicada en 2010, con 32 volúmenes y 58.5 kg de peso.

Esto sucede como reacción ante la era digital y para enfocarse en la competencia del sitio web británico con Wikipedia. A partir de ahora, la editorial estará enfocada en las enciclopedias en línea.

Desde los años 50, una enciclopedia de este calibre era una de las posesiones más preciadas para aquellos inmersos en el mundo académico. No era barata, y en ocasiones había que pagarla a plazos, pero valía la pena, era una inversión.

En los últimos años, los libros impresos para referencia fueron doblegados por el internet y sus recursos, incluyendo los sitios web especializados y la muy popular —y gratis— Wikipedia.

El presidente de Enciclopedia Britannica, Jorge Cauz, dijo en entrevista con The New York Times, que “es un rito para pasar hacia la nueva era, algunos están tristes y nostálgicos al respecto, pero ahora tenemos una mejor herramienta. El sitio web está en constante actualización, puede ser expandido y tiene multimedia”.

El directivo considera que la Enciclopedia Británica tiene una gran ventaja sobre Wikipedia: las fuentes prestigiosas. De hecho, ¿quién no sabe que no debe confiar en lo que dice Wikipedia?

Es probable que el cambio de estrategia también obedezca a fines económicos, pues el costo de la enciclopedia la había convertido en un artículo de lujo. Con un costo de $1,395 dólares, ya sólo la compraban embajadas, librerías, institutos de investigación y consumidores de clase y nivel educativo altos que se sentían apegados a estos volúmenes. La edición de 2010 sólo vendió 8 mil sets y los 4 mil restantes han estado almacenados esperando que alguien los compre.

Las cifras en internet son distintas, pues el sitio web tiene medio millón de subscriptores que pagan $70 dólares anuales por el acceso a la base de datos, con artículos, vídeos, documentos originales y las aplicaciones móviles de la compañía.

¿Es un aviso de que se acerca el principio del fin del papel? No lo sabemos, pero todavía hay quienes disfrutamos más —y preferimos— leer libros impresos que libros electrónicos.

Fuente: New York Times.

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