Recientemente fui a comprar unos micrófonos inalámbricos al centro de la ciudad de México. En donde los adquirí me dijeron que podía extender la garantía del equipo pagando una cantidad extra. Me quedé pensando, ¿valdría la pena o no hacerse de esta garantía “just in case”, o como decimos coloquialmente, “por si las de hule”?

Investigué en Internet y hallé que los sitios que hacen reportes para el consumidor, sobre todo en los Estados Unidos (aquí tenemos a la PROFECO, pero después del episodio de la hija del procurador de esa dependencia, mejor no hablemos de ellos), han encontrado que las garantías extendidas es como tirar el dinero a la basura. Hay que reconocer que hoy en día, los dispositivos electrónicos tienen una vida útil que en general sobrepasa el período de garantía y es más, probablemente muchos aparatos que usamos, los cambiemos incluso antes de que expire su garantía tradicional.

Steve Abernethy, CEO de la empresa SquareTrade, que da garantías de esta naturaleza, de San Francisco, California, dice que está perfectamente consciente de la pésima reputación de las garantías extendidas, pero que en su empresa lo que se intenta hacer es cambiar esa percepción a partir de tener productos con precios más bajos, una distribución más amplia y mejor servicio. Aún así, es claro que la garantía extendida siempre genera sospechas por parte de los consumidores. ¿Quiere decir que los equipos que pienso comprar se descompondrán enseguida de que acabe la garantía, o cómo? parecen preguntarse, y no les falta razón, pues finalmente se está pagando un sobreprecio por el dispositivo que estamos comprando.

Pero por encima de esos argumentos, Abernethy hace algunos apuntes importantes que han cambiado las cosas desde que llegó la era de la tablet y el teléfono inteligente. Por ejemplo, dice que un tercio de los teléfonos inteligentes serán extraviados por sus dueños en los primeros tres años de uso. Si además usted es parte de algunos de los siguientes grupos: personas en casas grandes, motociclistas o propietarios de casas con pisos duros, el riesgo se incrementa.

Así pues, el punto es entonces ver si jugamos a las estadísticas. Pensemos: ¿cuánto tiempo nos duran nuestros equipos electrónicos? ¿cada cuánto tiempo cambiamos de teléfono inteligente, o de tablet, o de reproductor de música mp3? Aparentemente la decisión final reside en ver si podemos jugar con las probabilidades a nuestro favor.

Referencias:

Xconomy