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shutterstock_236832484v2Llevo varios meses notando la forma acelerada en la que vivimos gracias a la tecnología. Hace unos días descubrí que respondía siete conversaciones simultáneas en WhatsApp, Facebook Messenger y Hangouts; la hacía de “copiloto” en el auto viendo Google Maps y Waze para detectar la ruta más rápida y llegar al cine mientras compraba los boletos por la aplicación Cine+ y googleaba la canción de Mary Poppins en español latino cuando intentaba demostrar que mi versión de la infancia era la oficial. Todo esto en “mi tiempo libre” en un lapso de 5 minutos;  nada que ver en un día laboral donde la actividad es más intensa. #yoconfieso que odio el multitask o hacer múltiples actividades al mismo tiempo. Nunca me ha gustado, nunca me ha salido, lo hago en automático y mi cerebro no registra las acciones.

Afortunadamente es “normal”, científicos han analizado el tema y aseguran que el multitask no es la actividad más sana para el cerebro. En un artículo escrito por Daniel Levitin, autor de The Organized Mind, “El multitasking [o hacer múltiples tareas al mismo tiempo] aumenta la producción de la hormona cortisol, que genera estrés y la  hormona adrenalina, que sobrestimula el cerebro y causa confusión mental o pensamientos revueltos […] la región del cerebro que necesitamos para enfocarnos en una actividad es fácilmente distraída”. ¡Eso me queda claro! Llevo más de 24 horas intentando acabar esta nota pero no he logrado evitar cambiar de una actividad a otra: en la vida digital ver Facebook, contestar Twitter, buscar info en YouTube y sitios, descargar apps en lo que encuentro info, pagar el banco en línea, organizar la agenda y atender a todo momento el celular, entre otras actividades físicas.

Y esto se va poner más intenso: asistentes de voz, realidad aumentada, casas inteligentes, Internet de las Cosas y toda tu vida en la nube que aunque son temas que ya vemos todavía no funcionan al 100%.

Me gustaría pensar que basta desconectarnos un rato, dejar el phubbing, hacer la Dieta Digital o el reto de dejar alguna tecnología de la que dependes por un tiempo pero eso ya no va a pasar (el mejor ejemplo es la película “Her” de Spike Jonze. Las nuevas generaciones usan la tecnología en automático (como el bebé que quiere usar la revista como una tableta). En el fondo me parece terrible (porque me toca la transición) y a la vez fantástico, porque evolucionamos. Hace varios años entrevisté para Plug a Martin Cooper, el padre de la telefonía móvil y me dijo que su visión de un celular sería un chip debajo de la piel. Yo también creo que en un futuro cuerpo y tecnología serán uno, aunque eso suene a ciencia ficción.

Por cierto, varias publicaciones dicen que lo mejor para reducir el estrés tecnológico es meditar. Acá un curso gratuito (por ahora) con Chopra y Oprah y unos pasos que recomendaron en TIME.

Referencias: The Guardian

Crédito Imagen: shutterstock.com/Copyright: jesadaphorn

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