En la medida que alcanza la astronomía y la investigación espacial, parece que nos vamos acercando cada vez más a encontrar vida extraterrestre. Es claro que este tipo de vida no será como la nuestra en el sentido de que no encontraremos seres con forma humanoide. Tal vez lo que primero que se encontrará es vida microscópica, pero que pueda definirse como tal. La pregunta es ¿cómo podremos asegurarnos de que hallamos vida extraterrestre? Terence Kee, el presidente de la Sociedad Astrobiológica de Gran Bretaña dice: «Mi sentir es que podríamos encontrar signos de vida en un par de décadas, pero el poder identificar a estas como ‘vida extraterrestre’ en el corto tiempo, no estoy muy seguro».

Kee hace notar que somos capaces de detectar realmente y sin duda formas de vida que cumplan con la bioquímica terrestre, de manera que estaríamos apostando a cuerpos que contengan agua líquida y alguna forma de fuente de energía geológica gratuita. Él pone sus esperanza en las sondas espaciales que buscan una distribución de gases en equilibrio en las atmósferas de los ya catalogados como exo-planetas.  Sin embargo, cualquier hallazgo potencial revelado por estas sondas podría ser solamente un indicativo, sin la capacidad de determinar de manera definitiva la existencia de formas de vida alienígenas.

También podemos voltear a ver a los meteoritos en la búsqueda de los extraterrestres y esperar que estas rocas, que salieron de un cuerpo mucho mayor, sean los que posibiliten la vida. Si tenemos suerte, podríamos hallar restos de vida que están contenidos en estas muestras y que no han sido destruidos. Kee admite que la suerte es la condición clave aquí: «La mayoría de las muestras halladas en meteoritos se han fosilizado de alguna manera y necesitaríamos algo de suerte para demostrar diferencias suficientes entre estos restos y mecanismos potenciales abióticos de la formación en la Tierra -diferencias en la composición química, etcétera».

El gran reto es identificar claramente si las formas de vida que existieron en los meteoritos se dio mucho antes de que entraran estos a la atmósfera terrestre. Antes de poder establecer esto, cualquier nuevo hallazgo podría ser una firma potencial de vida extraterrestre. Por ejemplo, en el 2011, Richard B. Hoover, un astrobiólogo de la NASA, dijo que había encontrado restos de organismos vivos en una clase rara de meteoritos llamados CI1. De acuerdo con este investigador: «Lo complejos filamentos hallados en los meteoritos CI1 representan los restos de microfósiles de cianobacterias».

Su equipo usó ESEM (Environmental and Field Emission Scanning Electron Microscopy), para analizar las muestras de meteoritos estudiando sus superficies internas. Por comparación, Hoover lo hizo contra minerales terrestres y materiales biológicos. Sin embargo, la NASA se distanció de sus conclusiones, apuntado una falta de revisiones expertas.

Más recientemente, sin embargo, dos científicos sugirieron que el cometa 67P, que está siendo estudiado por la Agencia Espacial Europea, alberga vida microbial. Chandra Wickramasinghe y Max Wallis, de la Universidad de Buckingham y la Universidad de Cardiff, respectivamente, insisten que las características halladas en el cometa implican que solamente pueden ser explicadas por la presencia de vida.

Sin embargo, hay mucho escepticismo al respecto por parte de otros científicos donde dicen, que los nuevos hallazgos enfatizan la posibilidad de que los organismos complejos se puedan generar en muchas partes en el sistema solar usando fotoquímica y esto no significa necesariamente que hablemos de vida. De hecho, hasta ahora no se ha encontrado una prueba convincente de vida alienígena en los meteoritos. De acuerdo a Kee, lo único que resta hacer es analizar muchos meteoritos esperando encontrar «el boleto premiado». Así funciona la lotería, por ejemplo. Tal vez tiene razón en esperar que se dé este chispazo de suerte.

Referencias:

Phys.org