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La Agencia Espacial Europea mandó una sonda a Marte, llamada Schiaparelli, la cual tenía como misión principal el buscar evidencias de vida. Después de meses de viaje, la nave entró en la etapa final, que era la de aterrizar en la superficie marciana.

Este es un tema de lo más complicado porque ha habido muchos intentos -en muchos casos fallidos- de llegar a la superficie del planeta rojo con éxito. Parece ser que algo falló y hay ya algunas evidencias de que la nave de la ESA (por sus siglas en inglés), se proyectó a unos 300 kms/hora a Tierra, chocando con fuerza en la superficie del planeta y destruyendo la nave y los sueños de los investigadores.

El orbitador de la NASA, el Mars Reconnaissance, tomó algunas fotos este 20 de octubre pasado, en donde se muestra el lugar donde probablemente chocó la nave Schiaparelli. La caja rectangular en la foto -y magnificada a la derecha- muestra un punto brillante que bien podría ser el paracaídas de la nave. La mancha oscura, a un kilómetro al norte, se piensa que es el cráter y los restos de la nave al impactar en la superficie de Marte.

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Después de dos días de especulaciones e investigaciones, el destino de la nave Schiaparelli parece ser claro: simplemente las cosas fallaron y la nave se estrelló contra la superficie marciana.

Algunas imágenes de una resolución relativamente baja – 6 metros por pixel – revelan un objeto brillante (el paracaídas), así como una mancha de unos 15 x 40 metros, a un kilómetro de distancia al norte del paracaídas, lo cual se asume son los restos de la nave. Los científicos de la Agencia Espacial Europea han dicho que la nave se estrelló a unos 5.5 kilómetros del punto elegido para su aterrizaje.

En un análisis inicial de las señales de radio de la nave Schiaparelli, durante su entrada a la atmósfera marciana, así como su descenso, sugieren que la nave pudo lanzar el paracaídas con éxito, como estaba planeado, pero la señal de la sonda se perdió de repente, a un minuto de llegar a la superficie del planeta.

Un examen cuidadoso de la telemetría de las señales lanzadas por la nave, revelan que el separarse del paracaídas y el uso del escudo de calor, ocurrieron antes de lo esperado, seguido de actividad breve en dos cohetes que harían que la nave llegase a la superficie más lentamente en su descenso.

De hecho, las imágenes de la NASA corroboran en algún sentido esta interpretación y sugieren que la mancha oscura es el cráter que dejó la nave al chocar contra Marte. Se especula que la nave estuvo en caídas libre por dos o cuatro kilómetros, alcanzando unos 300 kilómetros por hora.

Los investigadores quieren saber qué fue lo que pasó exactamente y en las próximas semanas verán imágenes de más resolución que serán mandadas por el Mars Reconnaissance Orbiter (MRO).

Cabe decir que este tipo de naves tiene, además de la misión principal, misiones secundarias como por ejemplo medir la dificultad para mandar a Marte grandes cargas de productos, que bien podrían ser alimentos para los posibles astronautas que llegasen antes de 2030 al planeta rojo. Hay que decir que a la fecha, más de la mitad de los intentos por llegar a la superficie de Marte han fallado y la razón principal parece ser la atmósfera tan delgada del planeta.

A pesar de este fracaso, el programa ExoMars tiene otro componente, un satélite llamado Trace Gas Orbiter (TGO), que fue la madre nodriza de Schiaparelli quien ha entrado con éxito a la órbita marciana desde que dejó a la nave ahora destruida, a su suerte en el aterrizaje. Así pues, el satélite empezará su misión de buscar señales geológicas e incluso biológicas, en la superficie del planeta.

Referencias: Scientific American 

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