Muestra de la cicatrización del plástico

No somos ajenos al fenómeno de la tecnología que simula a la naturaleza. La mayoría de nuestros inventos tienden a aprovechar lo mejor del mundo que nos rodea para funcionar mejor y adaptarse a los cambios. Ahora, científicos de la Universidad de Mississippi han fabricado lo que marcará una nueva era en los plásticos, un material capaz de cicatrizar y repararse de manera similar a la piel humana.

Este plástico, demostrado por la Sociedad Química Americana y el Profesor Marek Urban, busca imitar a la naturaleza cuando, al verse víctima de un daño en los enlaces que conforman una estructura, puede manifestarse por medio de un sangrado artificial que indica al usuario cuál es la zona dañada y procede a reconectar estos enlaces por medio del un estímulo fotosensible.

Sus aplicaciones podrían variar, desde la fabricación de envases comunes para consumo comercial, hasta celulares que a la hora de sufrir una caída puedan reconstruirse por sí solos, ahorrándonos mucho dinero en composturas y reparaciones. Imaginen una computadora fabricada con este plástico que pueda recuperarse de una aparatosa caída a la hora de transportarla y que, en cuestión de segundos, se repare por sí sola.

Por el momento, este mecanismo de autorreparación no funciona sólo. La capacidad de sangrar es más para avisarle al usuario que cierta zona necesita reparación, por lo que decir que este material ‘se cura solo’ es un poco apresurado, pues realmente necesita la ayuda del usuario para enmendar el daño.

El material está fabricado con una serie de capas de diferentes polímeros que cambian de color. Al repararse, el color original regresa a su forma natural, como si nada hubiera pasado.

El proyecto llamó la atención del Departamento de Defensa de Estados Unidos para su posterior precisión. Parece que los chicos del ejército le han visto un uso que nosotros fallamos de ver, ¿un blindaje autorreparable para los vehículos de combate, tal vez?

El futuro para este tipo de materiales no para aquí. Por el momento, sólo se puede fabricar plásticos con estas capacidades pero, ¿qué tal metales o aleaciones que puedan conducir información? En un futuro podría haber cables que se autorreparen, eliminando por mucho tiempo la necesidad de reemplazarlos. No debe faltar mucho para que esta tecnología se adapte al mundo de los enlaces electrónicos.

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