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En pleno siglo XXI, después de que se dijera que el libro electrónico sustituiría al impreso, que toda la información estaría guardada en “la nube” y que el intercambio de documentos se daría en un santiamén inalámbricamente  por WiFi o Bluetooth a estas alturas quién pensaría en comprar una impresora para el hogar.

La última vez que compré una fue hace siete años, justo escribí de eso aquí.  El gusto me duró un año, la usaba esporádicamente para escanear, imprimir documentos y hasta fotografías digitales pero las ganas se me quitaron porque la tinta se borraba con el paso de los meses y por usarla poco, la impresora dejó de funcionar, la garantía había vencido y no tenía tiempo de arreglarla. Me dejó un mal sabor de boca.

Jamás pensé que querría otra, mucho menos si a la vuelta de mi casa hay un Office Depot pero en una época “digital” donde la facturación electrónica está despegando, donde el envío de contratos requieren números y firmas, donde las empresas burocráticas no consideran que aplicaciones móviles para escanear hagan su chamba, es necesaria una impresora para el hogar.

Hoy fue uno de esos días donde parece que trabajas en oficina de gobierno y #yoconfieso que la desesperación estuvo a nada de que hiciera una acto impulsivo: comprar una impresora sin investigar (no sé ustedes pero yo comparo productos, precio y beneficios).

Mi objetivo era encontrar una multifuncional con las “tres b” (buena, bonita y barata). De inyección de tinta, que use dos cartuchos, que tenga una resolución decente, se conecte vía USB, imprima por ambos lados, cueste 1,000 pesos y lo más importante, que sea muy pero muy compacta. No pido nada si consideramos que los últimos modelos tienen pantalla táctil a color, Wi-Fi, Bluetooth, aplicaciones móviles para imprimir desde Google Drive, Facebook, Picasa y un smartphone.

En mi sondeo exprés me llamó la atención Canon y en mi sondeo más profundo la competencia de mi futura impresora está entre Canon y HP. Nunca he usado la primera así que desconozco su utilidad y la segunda es una marca reconocida ( pero fue mi impresora pasada).

Como ninguna de las que buscaba estaban en esa tienda (Canon MG3510), (Canon MG2910)  o alguna HP ultra compacta me gustó la Epson XP 211 (pero pagar 880 pesos por cuatro tintas y que además no funcione si le falta una,  me parece un exceso), así que regresé a casa con las manos vacía. Aunque ya investigué más, dos frases merodean mi mente: ¿será que “lo barato sale caro”? o  debería comprar otro modelo aunque “el caldo salga más caro que las albóndigas”?

Mientras lo medito con la almohada, acepto sugerencias: qué impresora para el hogar tienen y cómo les ha salido.

Desde la Red…
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