Activa las notificaciones para estar al tanto de lo más nuevo en tecnología.

Sí, es evidente que la forma de relacionarse con el entorno ha evolucionado por completo con el avance tecnológico; eso no es ninguna novedad, pero sí me gustaría comentar algunos aspectos que me parecen alarmantes, no porque nos pongan en riesgo, sino que son parte de nuestra realidad y eso es más aterrador…

Bien dicen que la tecnología acerca a los que están lejos y aleja a los que están cerca, como también es una realidad que la humanidad forma herramientas que éstas, a su vez, forman a la humanidad. La sociedad siempre buscará todas las formas posibles para facilitar todo tipo de cuestión a través de la tecnología, sin importar si se trata de una situación sentimental.

Actualmente, existen múltiples aplicaciones con las que los usuarios pueden conectarse para participar arbitrariamente en una cita por diversión, o por buscar amor, o sentirse queridos… y no está mal; no estoy aquí para juzgar. Lo que sí me alarma es la enajenación, la necesidad y la obsesión que sentimos al estar interactuando en redes sociales.

Al estar en constante contacto con familiares y amistades, he podido observar que las redes sociales juegan un rol fundamental en la vida, incluyendo la mía, no crean que soy la excepción a la regla. He notado que un simple “like” ya es razón suficiente para estar feliz todo el día, o para detonar el fin del mundo.

Observar a una persona interesante a lo lejos, sólo se quedaba en eso; en el pensamiento, o en el riesgo de comenzar a conversar. Ahora, basta con hacer una investigación exhaustiva para saber su nombre, ingresar a su perfil, conocer sus gustos, fortalezas y hasta debilidades.

¿Qué tipo de persona eres en Instagram?

Todo ese complejo ritual de querer experimentar al conocer a una persona, se ha esfumado. Teniendo la información de otra persona en mente, tienes de dos: o te arriesgas a intentar algo, o simplemente pierdes el interés porque todo lo enigmático es arrancado de raíz al indagar un poco en las redes sociales.

Algo que también me parece realmente nauseabundo es el hecho de que, suponiendo que quieres intentar algo con alguien, buscas sus redes sociales, realizas una investigación profunda, notas que la persona ha tenido ciertas parejas o ha experimentado cosas que quizá nunca hubieras imaginado… automáticamente se forja una imagen mental con la que empezamos a sabotearnos.

Sin conocer a la otra persona, prácticamente sabemos todo de ella; comenzamos a compararnos, a sentir que quizá no cubramos las mismas necesidades que cubría su ex pareja, o que quizá no seamos tan aventurados porque no tenemos una foto en Instagram escalando una montaña.

Comenzamos con miles de dudas sin siquiera comenzar. Nos preguntamos miles de cosas sin tener la oportunidad de dejar que todo fluya o de siquiera tener una simple plática con la persona que nos interesa. Vemos que la otra persona dio “like” a alguien más y para nosotros eso ya es el fin del mundo; formamos miles de ideas en nuestra cabeza que no deberían existir y, lo peor de todo, es… ¡Que ni siquiera hemos conocido a la otra persona!

Llámenme dramática, pero considero que es alarmante la forma tan acelerada en la que la gente quiere vivir sin permitirse sentir, aunque, irónicamente, tiene toda la necesidad de encontrar a alguien. Las redes sociales podrían funcionar como una especie de catálogo en el que tienes la posibilidad de elegir-descartar a quien se presente y por eso no es de extrañarse ver este tipo de realidad reflejada en Black Mirror.

¿No contestó tus stories en Instagram súper interesantes sobre lo que comiste en la mañana? Uy, mala suerte… no le interesas para nada; es más, le das asco. Lo sé, suena absurdo, pero la realidad es que todos hemos tenido esa extraña sensación de querer atención absoluta y quien diga que no, mis respetos.

Pero, ¿qué es lo que realmente queremos?, ¿Una reacción con un emoji aplaudiendo?, ¿Un corazón?, ¿Eso de verdad es una muestra de cariño? Me vienen a la mente miles de cosas y me preocupa lo poco con lo que nos conformamos y no me malinterpreten… toda muestra de cariño merece respeto, pero ¿es respetable sentirnos queridos con un emoji?

Quizá sí, quizá esto ya nunca cambie; todo lo contrario, seguirá transformándose para bien o para mal… quién sabe y quizá lo único que nos quede es la resignación, pero yo me mantengo firme ante la fiel creencia de que deberíamos dejar de someternos a la enajenación o dejar de crear toda una base de datos en nuestra cabeza al momento de conocer a alguien. Deberíamos dejar de sentir miedos y permitir que los momentos hablen por sí solos. De nada sirve quedarse estancado en el pasado porque al final la suma de las decisiones son las que nos forjan y tampoco sirve que vivamos consternados sobre la interacción que tenemos con los demás; el verdadero rigor está en la convivencia personal.

Las redes sociales son muy útiles para muchos aspectos, pero nos hacen inútiles cuando no las utilizamos adecuadamente. Esto es un simple desahogo, pero me gustaría que compartieras tu opinión sobre las redes sociales y las relaciones interpersonales.

La terrible sensación al dejar de usar Facebook

Comentarios