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Jugar bien al ajedrez no es solamente cosa de tener facultades para el juego. Es claro que la mayoría de los jugadores tienen cierta capacidad, la cual quizás se vislumbró en la mayoría de los casos a tierna edad. Sin embargo, es evidente que el estudio puede hacer maravillas y sustituir en cierta medida lo que la naturaleza se negó a darnos. Así, es claro que el jugador de ajedrez que lo desee puede subir de nivel si su constancia en el estudio es la adecuada y si puede jugar una serie de torneos para ir probando lo que, precisamente, va aprendiendo con el estudio sistemático.

Hoy día, gracias a la computadora, el ajedrez ha cobrado cierta relevancia, la cual se traduce en bases de datos con millones de partidas, sistemas que juegan al ajedrez con un promedio de 2700 puntos de rating (o más, que compiten ya al tú por tú con los campeones del mundo), programas específicos de análisis de alguna variante en particular, etc. Hay de todo y para todos y quien saque provecho de todas estas nuevas herramientas seguramente podrá progresar incluso más rápido que hace apenas unos 10 años. La información está a la orden del día.

Desafortunadamente esto tiene un costo: los programas más poderosos de ajedrez no son gratuitos. Los discos compactos con software especializado para estudiar líneas específicas de apertura o resolver ejercicios de diferente dificultad cuestan sus buenos pesos (traducidos, claro está, a dólares). En vista de eso, se me ocurrió que algo debía hacerse… Así pues, decidí que era hora de escribir mi propio software de entrenamiento…

Entrenamiento Táctico es una herramienta para estudiar ajedrez. Indudablemente son muchos los factores para llegar a jugar bien, empezando por un dominio de lo que se llama táctica, de la posibilidad de calcular largas variantes con precisión. Para ello, no basta con ver jugadas, hay que encontrar las mejores, las que causan más problemas al adversario, las que encierran amenazas más poderosas. Es claro entonces que el aprender el arte de las combinaciones se basa en realizar muchos estudios al respecto. Tenemos algunas decenas de libros con ejercicios de combinación, en donde se repiten los patrones de las piezas en ubicación y poder. Una vez que hayamos resuelto cientos de estos ejercicios empezaremos a acumular estos patrones de ubicación de piezas además de las ideas tácticas como pueden ser la clavada, el ataque doble, el ataque descubierto, etc. Todo jugador, si quiere llegar a jugar medianamente bien, tendrá que hacer muchos ejercicios de esta naturaleza. De eso ni hay duda alguna.

Pero aún  falta el elemento competitivo… ¿Cómo entrenar cuando uno participa en torneos?  El estudio de cualquier tema exige que quien quiere aprender se involucre, que tenga un interés genuino por comprender lo que se está estudiando. Ir a la escuela, por ejemplo, no es garantía de aprendizaje y el hecho de saber que existe un alto porcentaje de deserción escolar en la enseñanza media superior, simplemente indica que no hay la suficiente motivación para que esa gente siga en la universidad.

En el estudio del ajedrez muchas veces pasa lo mismo, con el agravante de que en la mayoría de los casos, la instrucción es autodidacta, lo cual hace de todo este asunto del aprendizaje algo más difícil y complejo. Los ajedrecistas leemos muchos libros de ajedrez, consultamos bases de datos, hacemos ejercicios de táctica, estudiamos incesantemente las aperturas y, además, participamos en torneos. Mucho de este trabajo lo hacemos solos, sin ayuda de terceros. Frecuentemente nuestros esfuerzos en el estudio no parecen reflejarse en los resultados de las competencias. Esto pasa por muchas razones, aunque quizás la principal sea que enfocamos incorrectamente el trabajo casero de aprendizaje.

En repetidas ocasiones he visto a compañeros ajedrecistas sentarse frente al computador para ver partidas de una variante específica. Ponen la partida y la reproducen en el tablero electrónico en breves minutos, pasan a la siguiente partida y hacen lo mismo. Al final se fastidian y se observa que sólo tratan de recordar algunas de las ideas que pudieron percibir en esa veintena de partidas vistas con celeridad. A la larga (o a la corta), este trabajo es una pérdida de tiempo.

Es fácil darse cuenta que una partida efectuada en cuatro horas no se puede comprender en todos sus aspectos si uno le dedica unos cuantos minutos. Desde luego, podría pensarse que no vamos a estar cuatro horas analizando una sola partida, pues pareciera que eso es también perder el tiempo. Sin embargo, no necesariamente tiene que serlo así. De hecho estoy convencido que es preferible analizar una sola partida usando un par de horas, que viendo dos decenas a velocidad constante.

Ahora bien, es evidente que no todas las partidas merecen un análisis exhaustivo por parte del estudiante. Hay sin embargo muchos modelos de estrategia que vale la pena estudiar con detalle. Es claro que hablamos de las partidas de los grandes maestros del tablero, tanto los clásicos como los modernos. Siempre, desde luego, parece preferible voltear hacia los viejos maestros como Alekhine, Lasker y Capablanca, por ejemplo, porque sus partidas han sido analizadas hasta el hartazgo por muchos jugadores, y ya sabemos que las partidas con buenos comentarios siempre serán mejor que cientos de partidas en bloque sin ninguna nota.

Considérese también que cuando uno participa en un torneo, esas partidas que uno juega, gana, empata o pierda, se conservan mucho más tiempo en nuestra memoria. La razón es que dichos encuentros fueron analizados por uno mismo a profundidad, sin contar, desde luego, con la parte emocional. Por ejemplo, cuando uno ve la posibilidad de un remate brillante y el corazón empieza a palpitar más fuerte. En otras palabras, el recuerdo permanece porque nos involucramos en el problema, en intentar ganar y así resolver la partida de ajedrez a nuestro favor.

Y a partir de estas reflexiones surge la pregunta: ¿cómo poder hacer, en buena medida, de una partida de estudio algo propio, algo tan personal como cuando jugamos un encuentro nosotros mismos y que ponemos todo el interés en dicho momento? Imaginemos que estudio un juego de alguien como, por ejemplo, el excampeón mundial Boris Spassky y quiero que esa experiencia ajena a mí entre dicho personaje y otro gran maestro pase a mi acervo de manera tal que se quede en mi memoria como si fuese una partida que yo hubiese jugado. ¿Qué debo hacer? ¿Se puede experimentar en cabeza ajena?

Podrá sorprender al lector, pero la respuesta es afirmativa y el mecanismo se llama ajedrez solitario. Este esquema de estudio no es nuevo y, de hecho, es común en las revistas especializadas. Curiosamente no parece haberse comprendido el gran valor didáctico que puede ofrecer al estudiante dicho esquema. La idea consiste, primero, en seleccionar una buena colección de partidas. Una vez hecho esto, el método consiste en que el estudiante se imagine jugando hombro con hombro con el maestro que ganó la partida, e intente entonces acertar a las jugadas que en dicho encuentro se produjeron. Si en algún momento no se predice la jugada correcta, se hace la que hizo el maestro así como la respuesta del adversario y de nuevo estamos en el camino de buscar la siguiente jugada que hizo el ganador de la partida.

Existen algunos libros que siguen esta idea [1] pero con un elemento que refuerza la enseñanza: el calificar cada jugada que hace el maestro. Muchas veces en una partida de ajedrez hay más de una buena jugada. Así, si uno estudia un encuentro vía esta técnica del ajedrez solitario, es posible que el autor de los comentarios de dicho encuentro otorgue puntos por más de una jugada y no solamente por la jugada que hizo el maestro. La retroalimentación que significa una calificación positiva en las jugadas que uno hace resultan en un afán más serio, por parte del estudiante, para hallar la jugada que sigue. Al final del encuentro, normalmente el autor del ejercicio califica el desempeño del estudiante. Al principio, probablemente, las jugadas que uno hace estén alejadas de las que el maestro ha realizado. Sin embargo, con práctica y un intenso esfuerzo por comprender lo que está ocurriendo en las partidas con este formato, nos puede hacer mejorar notablemente en nuestro ajedrez.

Es claro que este tipo de ejercicios deben hacerse simulando las condiciones de juego estrictamente, es decir, con el tablero enfrente e incluso, poniéndose un tiempo razonable para el análisis personal. Digamos entre una hora y noventa minutos para el estudio de una sola partida.

Kotov describe en su famoso libro  la manera de entrenarse: “Seleccioné de libros de torneos las partidas en las que habían tenido lugar grandes complicaciones. Luego las veía sobre el tablero, pero cuando se llegaba al punto crucial donde se encontraban dichas combinaciones y el mayor número de variantes posibles, dejaba de leer los comentarios. Colocaba a un lado el libro o cubría la página con una hoja de papel y me ponía la tarea de pensar larga y profundamente, con el fin de analizar todas las posibles variantes. Al mismo tiempo intentaba ponerme en el estado de ánimo que tenía cuando estaba sentado ante el tablero en la sala del torneo”. Y continúa: “cuando había pasado entre media y una hora en este trabajo, algunas veces (especialmente en posiciones muy complejas), escribía las variantes que había examinado, y entonces las comparaba con las del comentarista. Al principio había una gran discrepancia a favor de este último, pero luego aprendí cómo ampliar mi campo y a describir cada variante con considerable exactitud. Naturalmente, analizaba sin mover las piezas para hacerlo igual que en una partida de torneo”.

La descripción del gran maestro ruso es notable, porque precisamente estos ejercicios de ajedrez solitario proveen todo esto que buscó Kotov en su momento para analizar y disciplinar su estudio.

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Ventana principal del programa de entrenamiento táctico

Por eso, además de servir Entrenamiento Táctico para, precisamente, el estudiar posiciones de táctica, es factible crear sus propios “libros” electrónicos con posiciones específicas. El sistema se ha diseñado mediante un lenguaje de comandos los cuales se escriben en un archivo de texto (sin caracteres de control o tipos de letras especiales). De esta forma cualquiera que así lo desee puede generar sus propios libros de ejercicios, a los cuales puede incluso dotarlos de una calificación (de acuerdo a la dificultad del ejercicio, por ejemplo), y eso puede servir para ver cuánto progresa quien ejecuta los ejercicios en cuestión.

Como ejemplo de lo que puede hacerse con este software, el cual está en su primerísima versión (le faltarán cosas importantes, como suele pasar con los programas de computadora), se transcribió el primer capítulo del librillo de táctica del MI Guil Russek (Para Ganar en Ajedrez, Ed. Selector).

 

A quien le interese este programa, mándeme un correo electrónico a [email protected] y a vuelta de correo recibirá el software.

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[1] Libros como How Good Is Your Chess?, Daniel King, Ed. Cadogan; How Good Is Your Chess? Leonard Barden, Ed. Dover; (los dos libros son diferentes, aunque el título es exactamente el mismo); Solitaire Chess, I.A. Horowitz, Ed. CornerStone Books o incluso revistas como Chess Life (EEUU) o Jaque (España), Chess (Reino Unido).

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