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Gracias Internet y la tecnología probablemente, muchos modelos de negocios han cambiado. Por ejemplo, la música cambió definitivamente cuando salió el formato mp3 y entonces los archivos de música se pudieron compartir de manera sencilla. Con la llegada de los reproductores digitales, el negocio de los cassettes de música se vino abajo y además, gracias a los rippers, estos programas que pasaban a mp3 la música grabada (y que incluso se pueden usar en línea), la gente empezó a dejar sus CDs en sus cajas para tener toda su música en forma digital. Y esto promovió, incluso sin querer, el hecho de que el compartir música se hiciese algo común entre muchas personas sin importar si era legal o no.

La industria discográfica lleva años luchando contra la violación de derechos de autor y ha implementado un buen número de ideas para cortar de tajo esta problemática, pero claramente todo ha fracasado. Mucha gente no ve con malos ojos el compartir sus archivos de música. Pues los compraron ¿no? Desde luego se olvidan que a compartir la música en formato digital están dando una copia a alguien que es idéntica al original y eso pues estira este asunto de la propiedad de un contenido en particular, ¿o no?

Pero más allá de esto, los libros están empezando a correr con una suerte parecida. Por ejemplo, Amazon sacó sus lectores Kindle así como Barnes & Noble sus lectores Nook, para así poder adquirir y leer en estos dispositivos libros en formatos electrónicos. Los formatos que usan tienen DRM muchas veces, es decir, derechos de autor digitales y los sistemas impiden que los lectores puedan compartir sus libros electrónicos de la misma forma que se hace con la música. Evidentemente al iniciar esta aventura tecnológica de libros digitales, se pensó en gran medida cómo evitar caer en las dificultades que tiene la industria del disco.

Yo sé que hay quien afirma que quitar los DRMs de los libros digitales de Amazon o B&N es algo simple si se tienen las herramientas de software correspondiente y aunque no me he puesto a intentar hacer esto, en la red hay un enorme número de sitios que explican cómo hacer esto. El argumento es simple: yo compré un libro y por ende, no veo porqué no pueda copiarlo a otros dispositivos, a mi computadora, a la de un amigo, etcétera. De nuevo, al igual que la música, el problema es que al hacer una copia de un libro electrónico, éste es idéntico al original y el argumento es que el usuario pagó por una copia, no por todas las que pueda hacer.

La desaparecida empresa Borland indicaba en sus compiladores -como turbo Pascal- que el comprador podía instalar el software en cualquier computadora, pero que el programa debía tratarse como se trata un libro, es decir, no se podía leer simultáneamente por dos personas como ocurre con un libro físico. Con esa “restricción”, Borland simplemente indicaba que no se iba a molestar en proteger contra copia el software que producían y apelaban al comprador a ser sensatos en la manera en como se usaba el software.

Pues bien, un amigo mío por Facebook, que vive fuera de México, me dijo que tenía la siguiente idea: “escribe un libro y lo pasas a algún formato digital, ePub, PDF, etcétera. Lo pones a disposición pública para descargarlo a cambio de lo que la gente cree que pueda valer tu libro”. Esto quiere decir que por ejemplo, escribo un libro de ciencia de unas doscientas páginas, que me llevó quizás de seis meses a un año de trabajo. Lo paso a PDF (quizás le añado una portada, quizás no, eso no es lo importante realmente). Y entonces lo anuncio en mi blog, en donde pueda, en las redes, sociales, por ejemplo, y a quien le interese le pido que me pague lo que cree que vale el libro. No hay restricciones para descargarlo y no hay que pagar ni un centavo por ello.

¿Puede funcionar este esquema? ¿la gente lo compraría? ¿o simplemente lo descargaría, lo leería y se olvidaría del asunto?

Usted, lector/lectora binario/a de unocero.com ¿qué piensa?

Desde la Red…
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