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Televisión abierta en tu dispositivo

Mientras en México se discute la retransmisión de señales de televisión abierta en los sistemas de paga, en Estados Unidos la discusión va hacia las...

Televisión abierta en tu smartphone

Mientras en México se discute la retransmisión de señales de televisión abierta en los sistemas de paga, en Estados Unidos la discusión va hacia las retransmisiones por internet. Ya hemos platicado del servicio que provee la startup Aereo, al montar antenas en la nube y retransmitir las señales de televisión abierta en las distintas áreas de cobertura y, por medio de una grabadora digital (DVR) que puedes rentar también como servicio en la nube, te permite almacenar tus programas favoritos para verlos después.

Y vaya que esto ha hecho enojar a las radiodifusoras de ese país. Argumentan que es una clara violación a los derechos de autor de los contenidos, ya que Aereo se lleva las ganancias por el servicio de grabación de programas y no llegan esos ingresos a los productores de los mismos.

Lo anterior me recuerda cuando salieron los primeros ‘quemadores’ de discos compactos (CD) y no tardaron las principales disqueras y desarrolladores de software a quererlos prohibir. La venta de hardware para grabar CDs y DVDs no es ilegal, lo ilícito es vender el contenido grabado en esos formatos. Claramente, la infracción de los derechos de autor es un delito pero oponerse a los adelantos tecnológicos también es lamentable.

En el caso de Aereo, el asunto radica en la renta de DVRs en la nube. Esta empresa con sede en Nueva York ha revivido la batalla entre los negocios tradicionales que han sido alcanzados por la tecnología. La televisión abierta se suma a la industria musical, cinematográfica y de software en esta revolución tecnológica. Y próximamente, con la adopción masiva de escáneres e impresoras 3D, se sumarán varios diseñadores industriales al bando defensor de la propiedad intelectual.

No han faltado las propuestas para incluir un impuesto a la venta de productos para grabar y reproducir contenido por ser posiblemente ilegal y hacerle llegar esos ingresos a los dueños de los derechos de autor -no necesariamente los creadores de la obra-, sin embargo, no han sido aceptadas. Son líneas de negocio independientes que no deberían tener relación. Es distinto vender grabadoras para que cualquier persona pueda tener copias privadas de lo que mejor le parezca, a comercializar indebidamente obras protegidas por la ley.

Hay que decirlo, la piratería es una conducta lastimosa que afecta directamente a los productores de contenido y debe ser atacada. No obstante, el negocio de televisión abierta debería poder ser reproducido en cualquier dispositivo dentro del área de cobertura, no únicamente en la pantalla que las televisoras decidan. Y si ya hablamos de contenidos premium, entonces deberían ser transmitidos por sistemas de paga, en tiendas digitales, e incluso en pago por evento, y mejor utilizar el espectro radioeléctrico concesionado disponible de la televisión para la difusión de programas de interés público que pueden incluir, por supuesto, al entretenimiento.

Definitivamente el tema es interesante y en las próximas semanas la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos se pronunciará al respecto. La decisión tendrá repercusiones en varias industrias y pintará una clara línea entre lo que es permitido y prohibido en esa área gris de la tecnología.

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