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Leo un artículo del Maestro Internacional de ajedrez, Raúl Ocampo, sobre la informática aplicada al ajedrez, en donde dice lo siguiente: “Uno de los métodos de estudio más preconizados por la escuela soviética de ajedrez era el uso de ‘tarjeteros’. La idea es poner en una tarjeta una porción de conocimiento, como puede ser una posición básica (de las míticas 300 posiciones), una posición fundamental de una variante o sistema de apertura, o de alguna posición con una idea especial. Teniéndolas en tarjetas, el jugador puede prepararse revisando una y otra vez las diferentes tarjetas del tarjetero, como una manera de aprenderlas al “dedillo” literalmente. De la misma manera que un tarjetero con temas de cualquier disciplina académica. Un método muy recomendado por pedagogos de cualquier área.

En los años anteriores a la informática, como fueron la gran mayoría de los de la existencia de la URSS, los entrenadores soviéticos laboriosamente elaboraban para sus pupilos estos tarjeteros. Utilizaban unos sellos para imprimir diagramas y piezas para poner una posición en una tarjeta y ya sea a mano como con máquina de escribir se hacían las anotaciones correspondientes. Ejemplos de esta manera de trabajar nos lo relata la GM Kira Zvorkyna al comentar el apoyo que como entrenador le dio en los años 1950s, el GM Piotr Arsenievich Romanovsky; uno de los mejores entrenadores soviéticos, en un artículo publicado por la revista rusa “64” en su número 7 de 2003. El más afamado entrenador ruso, el MI Mark Dvoretsky, en muchos artículos menciona su famoso tarjetero con su colección de posiciones interesantes. El uso de tarjeteros o cuadernos para recolectar posiciones y variantes era un estándar entre los entrenadores del siglo XX. Personalmente en los años 1980 a 1990 escribí varios artículos al respecto, recomendando el uso de las famosas “libretas de tres argollas” que es común utilizar en las escuelas. La idea es poder intercalar hojas cuando es necesario.

El GM Aaron Nimzovich en su libro de “Cómo llegue a ser Gran Maestro (*)” escrito en la década de 1920, refiere que mando a un encuadernador insertar una hoja en blanco entre cada hoja impresa de un libro sobre un torneo de maestros para poner sus propios comentarios a cada partida. Pero el caso del tarjetero es para facilitar el repasar una y otra vez las mismas posiciones, como revisando un paquete de naipes, incluso para alterar el orden a placer. Repetición una y otra vez era el lema de los entrenadores soviéticos, hasta aprender esas posiciones básicas y las ideas contenidas, perfectamente. Memorizarlas, o incluso más de ello, vivirlas, sentirlas. Para luego aplicar esas ideas y esquemas en posiciones similares pero nuevas. Pasar de la noción, caso aislado, a un concepto, agrupación de casos que están unidos por un patrón, para luego pasar de nuevo al caso concreto. De lo particular a lo general y luego de nuevo a lo particular. De la noción al razonamiento conceptual y luego a la aplicación a una situación específica y única” .

A partir esta idea, llegué a la conclusión que no hay software en el mercado especializado que haga precisamente esto, es decir, que permita a los ajedrecistas hacer estos famosos tarjeteros. Más de uno podrá decir que realmente ya no es necesario, pues hay programas en donde se pueden tener este tipo de “tarjetas” electrónicas. En alguna medida es cierto, aunque es claro que no he hallado softwared que particularmente haga esto para el ajedrez. Así, ¿por qué no tener un software especializado para hacer este tipo de tarjetas ajedrecísticas?, como menciona Ocampo en su artículo.

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Dada entonces esta motivación, me di a la tarea de escribir mi propia versión del tarjetero ajedrecístico. Me llevó todo el sistema unos cinco días, pues hubo que definir la base de datos, es decir, cuál es la información mínima que el sistema debe manejar. El programa debería no sólo poner texto, sino que además, incluir un diagrama en cada tarjeta. Igualmente, debería poder imprimir las tarjetas y desde luego, hacer búsquedas sobre los temas definidos en las mismas. De esta manera tendríamos esta vieja herramienta modernizada en las computadoras de hoy.

Poco a poco el software fue tomando forma y en el momento de escribir esto, ya tengo una versión beta, la cual denomine ChessCards. Cuando terminé mi primera versión, casi inmediatamente, se me ocurrieron un montón de mejoras. Por ejemplo, añadir una búsqueda más sofisticada, basada en SQL, el cual siempre pensé que era complejo, pero ha resultado bastante sencillo usarlo como lenguaje de búsquedas. De hecho, aunque el usuario de ChessCards no lo ve, todas las búsquedas en el programa se hacen armando(por programa) sentencias SQL, las cuales se ejecutan cuando el usuario lo necesita. Es más, el despliegue de la base de datos completa es en realidad la ejecución de una sentencia SQL que le pide al sistema mostrar todos los registros.

Aparte de esta obvia mejora, creo que en la nueva versión, pondré además alguna opción para que el usuario da cambiar el tipo de diagramas que se pueden generar, que en realidad son tipos de letra truetype en un campo de edición “enriquecido” llamado richedit en Delphi. En fin, hay mucho que elaborar aún y quizás si tengo tiempo, haga algunas modificaciones para la versión 2.0.

Por otra parte, sería interesante sacar ventaja de Internet. ¿Qué tal hacer un programa como éste pero que funcione en la web? Así muchos podrían alimentar con sus propias tarjetas el sistema y así crear una megabase de tarjetas con información ajedrecística. Pensando en esto, les encomendé a mis alumnos del Seminario de Inteligencia Artificial de la Facultad de Ciencias, en la UNAM, que hiciesen este trabajo. Hubo unos mejores que otros, pero probablemente éste que muestro fue de lo mejor. Échenle un vistazo. Es un prototipo, sin duda, pero la idea está plantada. ¿Quién quiere ayudarme?

Regresando al programa original, cabe recordar que esta versión -aunque funcional- podría tener algunos problemillas. En el mientras, a quien se le antoje probar mi software, escríbame y se lo mandaré en forma gratuita ([email protected]).

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(*) Hasta donde sé, no es un libro, sino un largo artículo de Nimzowitsch que aparece transcrito en el libro de Raymond Keene: “Aron Nimzowitsch, a repraissal”.

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