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No me gusta el futbol

Cada cuatro años se repite la historia desde muchos ángulos. Por ejemplo, para el equipo mexicano, una vez más revive la esperanza de tal vez pasar de la primera ronda y poder jugar el anhelado “4o. partido”. Todo está por decidirse y, en particular, a mí no me tiene muy preocupado. De hecho, ya estoy un poco saturado de la “pasión del mundial”… espero pronto acabe el trance y podamos continuar con nuestras vidas (nótese el tono dramático…)

Así como no me gusta el futbol, sí me gustan algunos partidos y la final del Mundial. Me explico. El deporte per se me tiene sin cuidado. Pero si juega México -sin importar el contrincante- por supuesto que me gusta ver el partido. La semifinal me la puedo ahorrar y la gran final, obviamente no me la pierdo. Pero no me gusta el futbol.

Y como ver la final y los juegos de México siempre es un buen pretexto para organizar una reunión y pasar un buen rato con la familia o los amigos, esto vaya que sí me gusta.

Recuerdo durante el mundial pasado -hablando de tecnología- todo lo que tuve que hacer para poder “ver” el partido en la sala de la casa y agasajar a mis invitados. No había -hace tan sólo cuatro años- tanta tecnología como hoy. Por primera vez se transmitiría “en línea” uno de los partidos de México, así es que dije “Ya estuvo, si es por Internet, sólo conecto la computadora al proyector y listo” y sí, en teoría eso era lo que necesitaba. El asunto es que, ya sabe, a la mera hora, no recuerdo exactamente si hubo saturación de la señal o quién sabe qué pasó, pero el mentado partido no se veía y los invitados ya estaban a punto de la grosería… así es que todos se fueron a la sala de tele a verlo en la transmisión tradicional.

Yo, necio de nacimiento, resolví finalmente el problema técnico y después de algunos ajustes y poder “cazar” la señal en la red, por más que le decía a mis invitados “Ya quedó, vénganse para acá” no había poder humano que los moviera de sus asientos. Estaban disfrutando, viviendo y sufriendo ese partido de “nuestra” selección. A mí como no me gusta el futbol, sólo me había perdido de la mitad del partido y realmente lo que más me preocupaba es que la solución de verlo en línea no estaba funcionando.

Terminó el primer tiempo y en el descanso les aseguré que ahora sí, podríamos ver -y escuchar- el partido cómodamente, proyectado en gran formato y con óptima resolución. Así las cosas, después de batallar un poco más, por fin comenzó y todo bien, pero se quedó encendida la televisión en la sala y de repente alguien que estaba ahí gritó “Gooool, goooool” y en nuestra pantalla no pasaba nada. Después de dejarme solo de nuevo, me di cuenta que la transmisión por la red llevaba un retraso de casi un minuto … tiempo suficiente para que cambie rápidamente el panorama en un partido del mundial.

Así es que no me gusta el futbol, pero sí invitar a los amigos a ver los juegos, en este caso, por lo menos los de México. ¿Confiaré en las transmisiones en línea a través de afamados portales en Internet? !Nunca! Y la verdad me tiene sin cuidado el fut, pero es una descortesía con mis invitados pasarlos de un lugar a otro y, lo peor, ofrecerles una transmisión con retraso de un minuto. ¡Se van a enterar del marcador primero por Twitter que por lo que están viendo! Y a usted, ¿le gusta el futbol o ver los partidos y la chorcha?

(Nota: Este artículo lo escribí originalmente y aparece publicado en la edición de junio de la revista MUST).

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