La memoria es una facultad mental que trasciende todo más allá de lo físico. Incluso hay quienes dicen que nadie muere, mientras se le siga recordando. Es tan de vital importancia, que nos hace ser quienes somos. Nuestros recuerdos almacenados harán que podamos discernir, contrastar, y encontrar un equilibro en beneficio a nuestra salud mental.

Por supuesto, la memoria es fundamental porque nos otorga la sabiduría bajo situaciones empíricas. Nuestra vida se basa y se centra en lo que recordemos, incluyendo emociones que vivimos día con día. Es casi imposible imaginar que este proceso psicológico no ocurra en todo momento. Siempre estamos reviviendo experiencias y vivencias. Algunos individuos únicamente se acuerdan y otros recuerdan… algo completamente distinto.

Sin embargo, es innegable que la memoria siempre estará desempeñando un rol esencial en nuestra vida. Es importante saber que dicha facultad mental funciona a través de tres procesos: codificación (funge para preparar la información), almacenamiento (información retenida y dinámica) y recuperación (donde recordamos la información).

Cabe destacar que el proceso de recuperación no funciona de manera espontánea, es decir, de un momento a otro no nos llegarán los recuerdos porque sí. Tiene que haber un referente que active, por decirlo de alguna forma, a nuestra información almacenada.

Sabemos que existe la memoria sensorial, la de corto y largo plazo. La memoria de largo plazo se caracteriza por tener tres rubros muy importantes: memoria semántica (recuerdos en forma de ideas), memoria episódica (experiencias vividas) y memoria procedimental (acciones motoras almacenadas).

Ya dijimos que la memoria es de vital importancia porque nos hace ser quienes somos y porque la suma de nuestras decisiones será el resultado de lo que reflejemos después. Y, la memoria nos ayudará a tener una mejor noción de quiénes somos para poder conocernos en situaciones atroces.

La memoria es tan importante que a lo largo del tiempo se han realizado estudios y se han buscado soluciones y alternativas para posibles trastornos mentales que afecten directamente al pleno funcionamiento de nuestra memoria. Un ejemplo claro de esto es el alzheimer, enfermedad que consta de una pérdida de memoria a corto plazo e incapacidad para retener nueva información.

Factores como la edad, deterioros cognitivos, demencia y depresión… podrían ser catalizadores para un mal funcionamiento de la memoria. Nadie en su sano juicio querría perder esta vital facultad, olvidar a sus seres queridos, o, peor aún, olvidarse de sí mismo.

Ya hablamos de la relevancia que tiene la memoria en nuestra vida. Nos hacer ser quienes somos, etc. Todo suena maravilloso, pero ¿qué pasa si en nuestra información almacenada lo único que tenemos son recuerdos traumáticos, deplorables, absurdos, lamentables, o luctuosos?

De alguna manera, me parece que recordar es volver a vivir y tener en mente presente situaciones trágicas, podría hacer que nuestra percepción de las cosas cambie por completo. Bien dicen que para conocer realmente a una persona, tendríamos que verla enfrentarse a situaciones complicadas para ver su forma de actuar y reaccionar.

Todos en algún momento hemos atravesado por alguna ruptura amorosa, la muerte de alguien cercano, o circunstancias aún peores. Quizá alguna violación, un accidente trágico, una enfermedad terminal, etc. Y seguramente todos hemos deseado olvidar, ya no estar pensando en todos aquellos momentos dolorosos. Incluso hay imágenes mentales que desearíamos ya no tener para dejar de torturarnos y dejar de estar sometidos a una agonía incesante y latente inmersos en nuestra propia basura.

Es un hecho que la humanidad posee miedo al momento de enfrentarse con sus propios sentimientos y de vivir los procesos necesarios, aunque dolorosos, para nuestra evolución y desarrollo personal.

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos…

Me parece que un gran ejemplo de esta situación es la película «Eterno resplandor de una mente sin recuerdos», dirigida por Michel Gondry y protagonizada por Jim Carrey y Kate Winslet. El largometraje utiliza de pretexto la situación de una pareja que, como toda relación, se enfrenta a situaciones complejas, dolorosas, amargas y desgarradoras, así como momentos felices y significativos.

Sin duda alguna, la película remite a una reflexión trascendental, pues denota una profunda necesidad del humano para escapar de todo tipo de sufrimiento. Clementine (Kate Winslet) acude con unos científicos para borrar toda su relación con Joel (Jim Carrey) y, de esa manera, jamás recordar esa historia con el fin de erradicar el dolor. Joel se da cuenta de que Clementine no lo recuerda en lo absoluto y decide hacer exactamente lo mismo.

Por supuesto que es algo ficticio, pero todos aquellos que vieron Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, seguramente se cuestionaron a sí mismos si se borrarían la memoria para dejar de pensar en momentos dolorosos.

Al realizar una introspección, diversas interrogantes me surgieron, es decir, ¿hasta qué punto podríamos perder nuestra identidad al eliminar nuestros recuerdos?, Si nuestras experiencias sensoriales desaparecen por completo, ¿seguiremos siendo los mismos?, ¿hasta qué punto es justificable el dolor para llegar a una decisión como tal? y ¿por qué tenemos la necesidad de evadir cualquier tipo de realidad o momento lamentable?

Si bien erradicar el dolor es el primer paso a la felicidad, pero no siempre estaremos tomando las decisiones correctas. Quizá podríamos pensar que hacer algo o estar con alguien en específico, nos hará felices, pero tal vez esa decisión podría traernos más desgracia. Incluso en ocasiones podríamos sentir que ciertos estándares e ideales de alguien o algo nos llenará de dicha, pero luego nos enfrentamos a situaciones o personas que rompen con nuestros propios paradigmas y terminan siendo completamente distintos a lo que hubiéramos esperado y nos hace felices en demasía.

No obstante, después de que los protagonistas en la película se sometieran a dicho procedimiento para eliminar sus recuerdos, se dan cuenta de que algo les falta, teniendo una sensación de vacío. Es un hecho que nuestro raciocinio y nuestras emociones están relacionados y ligados directamente. Un recuerdo nos evocará a la emoción y una emoción nos evocará a un recuerdo, por lo que si nuestra memoria desapareciera, estaríamos incompletos.

Tener pasión por algo o alguien es una forma de pensar y no solamente en función de evidencias lógicas. La humanidad reacciona también en función de lo instintivo, lo cual no está mal, porque me parece que también es parte de la estructura de nuestra evolución. Debe haber un equilibro entre el instinto y la razón.

Yo en lo personal no borraría mi memoria aunque viviera un momento trágico. Buscaría encontrar ayuda de cualquier forma para poder lidiar con la problemática, pero me parece que eliminar la memoria implicaría una negación a mí misma. Perdería parte de lo que soy.

Preferiría mil veces sufrir toda una agonía y estar inmersa en el dolor, antes que perder mi identidad. De alguna manera, sentiría que no estoy enfrentando parte de mi responsabilidad humana, además de que me parece que la confrontación es elemental para poder trascender, conocernos y evolucionar. Si todo el tiempo evadimos las situaciones complicadas, estaríamos sometidos aún a más miseria e hipocresía.

Pienso que si tuviéramos la posibilidad de erradicar nuestra información, nos encontraríamos vulnerables, expuestos e indefensos ante las situaciones difíciles y, por supuesto, esto implicaría que no tuviéramos la oportunidad de crecer y sobrepasar al dolor. Aunque claro, quizá por el momento me parezca sencillo asegurar esto, pero no estoy exenta de que algo trágico pudiera ocurrirme.

Científicos de Toronto podrían hacer realidad la eliminación de recuerdos

¿A qué viene esta reflexión? Recientemente se anunció que científicos de la Universidad de Toronto han encontrado una alternativa para eliminar recuerdos con el fin de que los soldados que se encuentran en el ejército puedan desaparecer memorias trágicas.

Si bien el experimento aún se encuentra en etapas muy tempranas y hasta ahora únicamente tiene aplicaciones militares, más que civiles, pero pronto podría expandirse y ser parte de nuestra realidad. Los soldados podrían ser curados del trastorno de estrés postraumático al borrar recuerdos individuales de eventos perturbadores.

Los Investigadores descubrieron que los recuerdos específicos están codificados en sólo unas cuantas células del cerebro. Su premisa para realizar este procedimiento explica que aunque los recuerdos sean cruciales, algunos podrían ser tan traumáticos, que enfermedades mentales severas se podrían generar.

Cifras del Ministerio de Defensa, muestran que alrededor de 400 soldados por año reportan síntomas de trastorno de estrés postraumático y la organización benéfica Combat Stress ha recibido cerca de 10 mil referencias en los últimos cinco años en gran parte vinculadas a las campañas de Irak y Afganistán.

Lo interesante de esto es que mientras unos pelean por no perder la memoria, otros desearían erradicarla. Sin embargo, los investigadores han demostrado que pueden desactivar recuerdos específicos en ratas de laboratorio.

Las memorias se almacenan en una pequeña red de células y se descubrió que aunque hayan millones de neuronas en el cerebro, sólo algunas de ellas son necesarias para formar un miedo o un recuerdo de amenaza. El procedimiento se haría con el fin de que las personas puedan continuar con su vida cotidiana eliminando recuerdos intrusivos.

¿Borrarías tu mente si vives un suceso trágico?

Referencia: Telegraph