Hoy en día hablamos de todo tipo de tecnologías inalámbricas, de teléfonos celulares que se conectan a redes y a distintos dispositivos sin cables, del Internet de las cosas (IoT) como la siguiente revolución; de tabletas que han desplazado a computadoras; y de relojes inteligentes que prometen nuevas capacidades de comunicación para los usuarios.

Se podría pensar que estamos en un momento extraordinario de la tecnología. Sí, pero éste tiene también sus dificultades y una de ellas, de la que casi nadie habla, es de la energía.

Consideremos, por ejemplo, que tenemos que cargar todas las noches nuestro celular, con la esperanza que la pila nos dure al menos para todo el día siguiente. Los nuevos relojes inteligentes también requieren de energía eléctrica. Las tablets y el IoT también requieren de estar cargados.

Vamos, que la posible «innovación» de Apple en su siguiente generación de teléfonos, se dice que serían unos audífonos inalámbricos que requerirán sus respectivas baterías. Es decir, toda esta extraordinaria tecnología funciona gracias a la energía eléctrica.

Hay que decir que el uso de la energía a nivel mundial es algo que tenemos que considerar. Por ejemplo, de acuerdo con datos de 2012, el consumo de electricidad en el mundo fue de 18,608 TWh, una cantidad por hora gigantesca. Por suerte, para ese momento, la generación mundial de energía eléctrica estaba 18% arriba de las necesidades de energía.

Pero esto no siempre será así. El consumo de energía en general cada vez es mayor y, en la medida que crece la población, se necesitan más y más formas de tener energía para el consumo de los países. Por ende, estamos en una especie de callejón sin salida: por una parte requeriremos más energía y, por otra, nos hacemos de cada vez más dispositivos que requieren ser cargados todos los días.

Y sí, puede pensarse que el consumo de mi celular no es la gran cosa, pero multiplíquelo por millones de celulares en el mundo y entonces ya da qué pensar.

Creo que la tecnología puede ser extraordinaria, pero en ocasiones me parece poco inteligente un cambio como el de los audífonos de los celulares, que podrían ser inalámbricos porque, por una parte, requieren de baterías para funcionar y, por otra parte, que el cable de los audífonos que usamos hoy en día tampoco es algo que cause una problemática terrible.

Más bien diría que es una moda tecnológica más, muy de los países con mayor consumo en todos los sentidos en el planeta. Y puedo decir lo mismo de los novísimos relojes inteligentes. Requieren ser cargados continuamente. Yo tengo un Casio con una pila que promete durar 10 años y ya llevo 11 con él sin que se note que vaya a tener que cambiar la pila por el momento.