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Hoy en día vemos avances fantásticos en cómputo. Piénsese en hace diez años a quince años. No había tablets, no había todos estos teléfonos inteligentes, no existían sistemas operativos como Android o iOS.  Había sí, computadoras portátiles que finalmente implicaba para los poseedores de las mismas, llevar maletines con máquina, ratón, cables, cargador de la batería, etcétera. Digamos que eran portátiles a medias, porque en última instancia la batería de tales aparatos no pasaba, en el mejor de los casos, de tres o cuatro horas de carga.

Las cosas ahora son radicalmente diferentes. Tenemos, por ejemplo, tablets como el iPad, o algunos dispositivos como la HP Slate o la Nexus 7, que aguantan hasta 10 horas de carga y además, son tan ligeras como un pequeño cuaderno. El costo de estos aparatos va desde unos 2000 pesos hasta poco menos de 10,000 pesos (dependiendo de muchas características diversas que contienen uno y otro fabricante). Las laptops empiezan a verse menos y las tablets empiezan a ser más comunes. De pasar de ser dispositivos costosísimos para unos cuantos, ahora se han convertido en algo común.

Lo mismo e incluso, en mayor grado, ocurren con los teléfonos inteligentes. Los costos para los usuarios han bajado tanto que ya es concebible que la mayoría tenga dispositivos inteligentes en la palma de su mano. Casi cualquier fabricante de teléfonos inteligentes tiene un sistema operativo que contiene una tienda virtual donde pueden descargarse aplicaciones de paga y gratuitas para dicho sistema. Este modelo de negocios ha sido muy exitoso, el cual empezó Apple, pero ahora tienen todos los demás.

Aparentemente el mercado tiene ya un sinfín de opciones para todos los gustos, pero ¿qué podríamos esperar para el futuro? Para empezar, es claro que los dispositivos se harán más pequeños y tendrán más poder de cómputo. Ya vemos teléfonos con dos núcleos (si no es que ya hay más poderosos) y las velocidades de estos microprocesadores ya llegan fácilmente a los 1.2 GHz de frecuencias. Esto quiere decir que el poder de los dispositivos móviles, los cuales están cada vez más cerca de los usuarios, tenderán a ser aún más rápidos.

Igualmente, es evidente que la capacidad de almacenamiento de los dispositivos móviles (particularmente tablets y teléfonos), seguirán yendo a la alza y de forma quizás increíble, ahora podemos hablar de teléfonos con 16 GB o 32 GB de almacenamiento, el cual cabe en minúsculas tarjetas MicroSD. Y la tendencia no parece detenerse.

Pero la pregunta sería, ¿cuanto más? ¿Cuánto poder de cómputo nos hace falta para que nuestros dispositivos sean lo suficientemente útiles? Probablemente no mucho. Lo que sí parece que será el siguiente paso, es ampliar el acceso a Internet cada vez más rápido porque sin duda, hoy día, el acceso es lento e insuficiente. Esta es la siguiente tendencia: hacer más rápido y accesible Internet.

Curiosamente los problemas técnicos parece posible resolverlos en un plazo no muy grande de tiempo. El punto será entonces: ¿Cuál será el costo para los internautas? ¿Cuánto  costará un acceso de muchos megabits? Y es aquí el cuello de botella más serio. Las empresas de tecnología, dedicadas a estos temas, buscan hacer negocio y pondrán precios a sus servicios. ¿Serán costosos? Probablemente sí, sobre todo si se quiera mucha velocidad (de hecho esto ya está pasando). Y en mi opinión aquí es donde el gobierno debería entrar y subsidiar el acceso a la red de redes. Si se hacen los acuerdos entre gobierno y empresas dedicadas a da acceso a Internet bien podríamos tener poco a poco una sociedad digitalizada, la cual podría sacar ventaja de toda esta información disponible en la punta de nuestros dedos y teclados.

El futuro se ve halagüeño en muchos sentidos, pero plantea retos que -habrá que ver- si las sociedades desarrolladas pueden poner a precios competitivos y así hacer que el país avance. Habrá que esperar  ver cómo se desarrollan los acontecimientos.

Desde la Red…
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