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El correo electrónico es sin duda una de las facilidades más importantes de Internet. Hoy en día es probablemente uno de los recursos que tienen la inmensa mayoría de los internautas. Sí, están las redes sociales pero no parecen ser suficientes aunque por ejemplo, éstas terminaron por matar a los mensajeros instantáneos pues desde Facebook resulta trivial platicar con otros amigos sin tener que correr ninguna aplicación extra.

El problema es que el correo electrónico, gratuito, sin cortapisas en la cantidad de mensajes que uno puede enviar por día, se ha convertido en una herramienta del “marketing”, en donde quiero creer que funciona a partir de suponer de la idea de que si se mandan un millón de correos de publicidad, y un pequeño porcentaje -digamos- 1%, responde, estaríamos hablando de que unas 10,000 personas, estas podrían ser clientes potenciales de las ofertas que se mandan por este medio.

Pero evidentemente este mecanismo no fue diseñado para hacer ventas y la gente en general está fastidiada con el correo spam que recibe. Una de las primeras acciones -y probablemente la más común- es la de borrar, ignorar todos estos correos chatarra. Por ello, los propios spammers han buscado nuevas estrategias para que los depositarios de sus mensajes los lean porque claramente, si no son leídos, no importa lo que promuevan, no funcionará. Por ello, los mensajes de spam tienen ahora como títulos “promociones”, en donde por ejemplo, supuestamente la empresa Amazon nos otorga un bono de 50 dólares, cosa que inmediatamente nos damos cuenta que es falsa cuando damos click al enlace del correo en cuestión. Y el truco puede funcionarles una primera vez, pero después de eso ya no sirve. ¿Entonces, por qué insisten en ello? Misterio.

Otro truco es poner el título que hemos violado la ley, incurrido en alguna acción ilegal y que tenemos que tomar acción al respecto. Y entonces, quizás alarmados, abrimos el mensaje y nos damos cuenta que se trata de spam. De nuevo, el truco quizás funciona una primera vez ¿pero después?

Pero aparte del spam para tratar de vendernos algo, están aquellos que insisten en enviarme virus o programas para dañar mi equipo. Ayer recibí dos mensajes con el título: Document 1 y Document 2. Son dos virus. Aquí se apela a la curiosidad del usuario y no importa las veces que le hayan dicho que no abra archivos enviados desde correos desconocidos. La curiosidad es muchas veces más grande.

Pero entre los que me han divertido más fue un correo de supuestamente Telmex que me indicaba que no había dado de alta un correo electrónico y que iban a bloquearme por ello. Me llamó la atención porque es extraño recibir un correo indicando que no he dado de alta una dirección de correo. En este caso lo que buscan estos personajes (que evidentemente no es Telmex), es hacerse de una base de datos de direcciones electrónicas para mandar spam. Este mismo tipo de correos me ha llegado supuestamente del Servicio de Administración Tributaria, el SAT, el cual también es falso.

El correo chatarra, spam, no desaparecerá nunca, probablemente, pero después de tantos años de “email” ya deberíamos saber cómo tratar este fenómeno, a pesar de lo “ingeniosos” que quieran verse los spammers.

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