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Científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han desarrollado un microimplante hecho de dióxido de titanio con dopamina (TiO2DA), capaz de recuperar la función motora de ratas con hemiparkinsonismo. Un avance que abre las puertas hacia un prometedor tratamiento contra la enfermedad de Parkinson.

La Enfermedad de Parkinson es una patología que afecta al sistema nervioso en el área encargada de coordinar la actividad, el tono muscular y los movimientos. En estas areás afectadas las neuronas que producen una sustancia química llamada dopamina mueren o no funcionan adecuadamente.

La dopamina es un mensajero químico que se encarga de establecer comunicación entre neuronas y es responsable del control del movimiento. Es una molécula químicamente inestable y se oxida con facilidad, lo que representa una gran limitación en el desarrollo de tratamientos. En la actualidad, un precursor de esta molécula (L-DOPA) es utilizado como pieza angular. Sin embargo, con el tiempo este medicamento pierde eficacia y causa efectos adversos.

“Decidimos encapsular moléculas de dopamina en un microreservorio elaborado por la técnica sol-gel, con una base cerámica (dióxido de titanio, material biocompatible y de bajo costo), el cual permite que el neurotransmisor se mantenga estable por periodos prolongados”, dijo Patricia Vergara, responsable de la investigación.

El microreservorio se implanta en la zona del núcleo caudado, donde se libera, por difusión, la dopamina insertada; es decir, está almacenada en una película delgada con poros a escala nanométrica, a través de los cuales sale de los sitios de mayor concentración a las áreas donde existe menor cantidad de esa sustancia.

“El implante permitiría la liberación de podamina en el núcleo caudado durante el transcurso de la vida de la rata (aproximadamente 2.5 años)”, agrego.

En el estudio se observó que después de aplicar el implante en ratas hemiparkinsonianas, al despertar del procedimiento quirúrgico mejoró el deterioro motor preexistente, no había temblor, rigidez ni movimientos lentos; el animal podía nadar, caminar y llevarse el alimento a la boca con cierta facilidad, refirió.

Además, se realizaron pruebas de conducta que mostraron un control adecuado de los movimientos finos y gruesos. “Eso nos hace pensar que la hormona sigue estable y en proceso de liberación. Estos datos se han correlacionado con las concentraciones aumentadas de dicha sustancia química en los animales implantados”.

Ahora los investigadores esperan que probar la eficacia de este proyecto en primates no humanos y quizá, a partir de ahí, en personas con ese trastorno.

La prevalencia del Parkinson en el mundo es difícil de cuantificar debido a la dificultad de recopilar información precisa sobre esta enfermedad en los distintos continentes, sin embargo se estima que mundialmente hay un poco más de 10 millones de personas diagnosticadas.

Referencia: DGCS

 

 

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