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La revista “Nature” fue creada en 1869 y fue la primera de su tipo en Gran Bretaña. A través de tantos años, esta revista científica se ha convertido en un referente obligado y por ello, el saber que todos los artículos -hasta incluso los primeros de 1869- podrán ser leídos de forma gratuita por quien quiera, resulta una estupenda noticia. La única restricción es que no será posible copiarlos o imprimirlos. Para ello, Nature tiene un formato propietario en donde incluso se pueden hacer anotaciones, pero no se puede copiar el documento, imprimirlo o descargarlo.

Lo interesantes es que esta política de compartir también se aplica a 48 publicaciones en la división MacMillan’s Nature Publishing Group (NPG), incluyendo Nature Genetics, Nature Medicine y Nature Physics. Sin duda que la intención es que la gente pueda tener acceso a los artículos de manera gratuita sin perder el  ingreso derivado de la venta de revistas y artículos a partir de las suscripciones o bien, a la venta de artículos en particular.

ReadCube, una plataforma de software parecida a iTunes de Apple, será el servidor que permita desplegar los artículos en formato PDF con las restricciones mencionadas. Si la iniciativa se vuelve popular, podría incrementarse el trabajo en esta plataforma en la que Macmillan tiene ya mucho invertido. Annethe  Thomas, jefa ejecutiva de la división de Ciencia y Educación, dice que bajo esta política, los suscriptores podrán compartir cualquier artículo a través de un enlace que los llevará a una versión de sólo lectura en PDF, el cual puede verse incluso en un navegador. Para suscriptores institucionales, es decir, universidades y centros académicos, el archivo será abierto en su totalidad, desde la fundación de Nature, en 1869. Para los suscriptores personales se tendrá acceso a partir de las publicaciones de 1997 en adelante.

Y aunque no se puede imprimir el PDF, ni ser descargado, se pueden hacer anotaciones por parte de los lectores, lo cual da una manera para que los científicos colaboren compartiendo sus comentarios sobre los manuscritos que lean. También se pondrán guardar en el servidor de ReadCube los artículos leídos, como se hace con la música en iTunes, por ejemplo.

“Nosotros ya sabemos que los investigadores comparten contenidos, frencuentemente en esquinas oscuras de Internet o bien con prácticas poco ortodoxas que además, llevan mucho tiempo”, dijo Timo Hannay, el director administrativo de Digital Science, una división de Macmillan, que ha invertido en ReadCube. “En Digital Science tenemos la tecnología para proveer una alternativa conveniente y legítima que permita a los investigadores acceder a la información que necesitan de la definitiva fuente original”, dijo Hannay.

Referencias:

Nature

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