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Decía Woody Allen en uno de sus libros que había tomado un curso de lectura veloz. Había leído en 20 minutos “La Guerra y la Paz”. Cuando le preguntaron que entendió indicó: “sólo sé que es sobre Rusia”. Pero más allá de las bromas, existen estos cursos de lectura rápida que prometen a los que los toman la posibilidad de leer con mayor velocidad y aprovechar mayor el tiempo. Pero… ¿son efectivos?

La realidad es que la promesa de acelerar la lectura para así absorber muchas veces más rápido que lo normal lo que dice un texto, sin que haya una pérdida significativa de la comprensión, es demasiado bueno para ser verdad. Sin embargo, debido a muchos factores, como la capacidad actual de generar muchos más contenidos y de tener dispositivos electrónicos para leer contenidos, la idea de poder leer con más velocidad parece estar ahí latente.

En 1959 Evelyn Wood introdujo el primer curso de lectura veloz. Su hipótesis de trabajo es que uno leía con lentitud simplemente porque uno era ineficiente. El curso se enfocaba en enseñar a la gente a hacer movimientos hacia adelante y hacia atrás, sobre la página, tomando cada vez más información en cada paso de la vista. Hoy, con apps como SpeedRead With Spritz, se busca minimizar el movimiento de los ojos incluso más, haciendo que el dispositivo digital presente en pantalla una serie de palabras, una tras otra, a un ritmo más rápido.

Desafortunadamente, el consenso científico sugiere que esto es muy sospechoso y que parece ser que dista de poderse leer más rápidamente realmente. En un artículo reciente de Psychological Science in the Public Interest, el profesor Treiman y colegas, analizaron la literatura empírica sobre este tema y concluyeron que es muy improbable que se pueda mejorar la velocidad de la lectura sin perder mucho del significado.

Es cierto que algunos lectores son capaces de escanear rápidamente un texto y encontrar palabras específicas que pueden darle una idea general de lo que trata el texto. Pero esto no es leer. Algunos sistemas de lectura veloz instruyen a las personas a enfocarse solamente en los principios de los párrafos y capítulos y esto es probablemente una manera de hacer lo que ya hemos descrito: hallar palabras claves nada más.

Experimentos sobre esa idea de ir leyendo un texto moviendo los ojos a través de la página, hacia adelante y hacia atrás, mostraron en experimentos controlados que los involucrados simplemente no llegaron a comprender las partes del texto que los ojos se estaban saltando. De hecho, un problema más profundo parece ser el cuello de botella de que leer no es percibir, es decir, ver las palabras es una cosa pero ensamblarlas como una serie de símbolos que representan algo, es otra cosa.

Leer tiene que ver con la comprensión del lenguaje, no de la habilidad visual que el lector deba tener. Si se quiere mejorar la velocidad de lectura, la mejor apuesta que puede hacerse es leer muchos documentos de diversos temas para así expandir su vocabulario. Vamos, que leer “La Guerra y la Paz” es en el mejor de los casos, una broma.

Referencias:

NY Times 

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