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Sobre Miztli, la supercomputadora de la UNAM

La Universidad Nacional Autónoma de México cuenta con un gran equipo de supercómputo, el cual empezó con la computadora Cray ya un par de décadas. Hoy la supercomputadora Miztli ofrece un poder de cómputo sorprendente.

El supercómputo en la UNAM comenzó en 1991, cuando fue puesto en operación el equipo CRAY Y/MP. Desde entonces, se han instalado supercomputadoras de diferentes tipos, cuyas características son un reflejo de los cambios en las tecnologías de cómputo y telecomunicaciones que han acontecido desde entonces. Las máquinas que la UNAM ha adquirido son:

GRÁFICO: La velocidad de las súpercomputadoras ha crecido más de 100 veces en esta década

  • Sirio (1991), de la empresa Cray, vectorial, con 4 procesadores y con un rendimiento de 1.02 GFlops (un flop es una operación de punto flotante). La memoria que tenía era de 0.512 Gigabytes y en almacenamiento podía llegar a 19 Gbytes.
  • Berenice (1997), de la empresa Silicon Graphics, con 40 procesadores y un rendimiento de 15.6 GFlops, con 10 Gbytes de memoria y 170 GBytes en almacenamiento
  • Bakliz (2003), de la empresa HP, de 32 procesadores, 80 GFlops de rendimiento, 10 GBytes en memoria y 1000 GBytes (un Terabyte) de almacenamiento.
  • KanBalam (2007), de la empresa HP, con 1368 procesadores y un rendimiento de 7,113 GFlops. Con memoria RAM de 3,016 GBytes (más de 3 Terabytes) y 160,000 GBytes en almacenamiento.
  • Miztli (2013), de la empresa HP, con 5,132 procesadores, 118,000 GFlops de rendimiento, con 23,000 GBytes de memoria y 750,000 GBytes de almacenamiento (750 Terabytes).

Pero como obviamente la tecnología sigue avanzando, la UNAM ha actualizado Miztli, y ahora cuenta con 228 Teraflops de rendimiento teórico, lo que es equivalente a 86,365 computadoras personales de última generación. La UNAM realiza unos 120 proyectos anualmente con esta máquina, tanto para uso local como en apoyo de otras instituciones. Si Miztli tenía 5,312 procesadores, en la actualización se hizo de 8,344, con casi 45 Terabytes de memoria.

En esta segunda ampliación de Miztli (la primera se llevó a cabo en 2015), se sumaron 58 nuevos servidores que aportan mil 856 procesadores, y un rendimiento teórico adicional de 62 teraflops (billones de operaciones por segundo), lo que equivale al trabajo de 23 mil 485 computadoras personales de última generación de manera simultánea, informó Fabián Romo Zamudio, director de Sistemas y Servicios Institucionales de la Dirección General de Cómputo y de Tecnologías de Información y Comunicación (DGTIC).

Este tipo de máquinas se usa para sistemas de enorme complejidad, como para análisis del clima o la posible predicción de sismos. Su amplísima capacidad y velocidad permiten poder lidiar con estos problemas que a la fecha no están resueltos y que, gracias a estos equipos, las posibilidades de hallar mejores soluciones se incrementan.

En el 2016, Miztli ayudó a la generación y publicación de 161 artículos en revistas científicas de alto impacto, así como en la presentación de 266 ponencias en congresos, así como en la formación de 12 nuevos doctores y 17 maestros.

La nueva infraestructura de Miztli, administrada por la DGTIC, fue adquirida con fondos concurrentes de la propia Universidad Nacional y del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, como parte del (LANCAD). El laboratorio suma recursos de supercómputo de la UNAM, la Universidad Autónoma Metropolitana y el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional para ponerlos a disposición de instituciones de todo el país.

Pero si aún el lector no está convencido de lo que se puede hacer en este tipo de máquinas, podemos indicar que ofrece 70 millones de horas CPU anuales para la ejecución de proyectos científicos. De dicha cantidad, 10 por ciento se encuentra reservado para los proyectos del LANCAD.

Miztli es un ejemplo de que en México ya contamos con tecnología de punta y que además, se invierte en estos desarrollos tecnológicos que baratos no son, pero que sin duda obligan a las universidades y al mundo académico para así poder competir en el mundo de la ciencia y la tecnología y no sólo hacer investigación periférica.

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