Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. En casa de mis padres tenía instalada mi “oficina”, que consistía en un escritorio, PC e impresora, además de un módem conectado a la línea telefónica (por azares del destino, había una extra en esa casa), que básicamente me la apropié.

Sólo para referencia, en aquellas épocas, una simple línea telefónica era un lujo muy preciado. No había disponibilidad en la ciudad y el tiempo de espera para que instalaran una nueva podría ser de meses.

El primero de enero de 1990 arrancó mi segundo “emprendimiento” (ahora ya tienen nombre las locuras), que se llamó SPIN (Sistema Profesional de Información) y no era otra cosa que un BBS (bulletin board system) con cuatro líneas telefónicas dedicadas a recibir llamadas por módem del mismo número de personas y de forma simultánea.

Destinar cuatro líneas a una computadora era una absoluta locura en esos tiempos. De hecho, durante todo un año no tuvimos un solo cliente que quisiera pagar por poder conectarse al “sistema”. Si alguna vez usaste o escuchaste la palabra “CompuServe”, digamos que era muy parecido.

Los 10 momentos clave de la World Wide Web

Todo iba más o menos bien con SPIN, comenzaron a llegar los primeros clientes y por ahí de 1992 se nos metió la cosquilla de Internet. Conocimos el término y decidimos mi socio (Jorge Kobeh) y yo, “conectarnos” a la red para ofrecer el servicio al público.

Fue una locura, nos conectamos a la DGSCA (Dirección General de Servicios de Cómputo Académico) de la UNAM por medio de un enlace dedicado, también conocido como DS0, a la velocidad de 64Kbps. Una velocidad ni siquiera imaginada para los que estábamos acostumbrados a llamar por módem a 9,600 bps (no K, sólo bps).

La conexión y todo el proyecto nos tomó otro año completo, así que más o menos a finales de 1993 comenzamos a ofrecer acceso al “nodo Internet”. Nadie sabía que era un nodo y mucho menos Internet, pero lo ofrecíamos.

Lo que pasaba en tu pantalla cuando te conectabas a esta nueva red, es que obtenías un símbolo del sistema “$” en Unix y, de ahí, tenías necesariamente que saber qué hacer, a dónde conectarte, que comandos usar, etc. Muy primitivo en aquella época, sin embargo, el tener acceso a Internet de esa forma, desde la comodidad de tu casa, para los que entendían de que se trataba, era oro molido.

SPIN no fue el primero en México, fue el segundo en ofrecer acceso comercial a Internet, porque en Monterrey, N.L. existió otro proveedor que hizo básicamente lo mismo, pero no pasó a mayores y pronto dejó de operar.

Así las cosas, todos emocionados por ese famoso “símbolo del sistema” o “Shell” que te permitía enlazarte a, prácticamente, cualquier lugar. Todo en modo “terminal” y obvio en blanco y negro. Nada de colores, nada de gráficos, nada de ratones ni nada. Puro y total comando escrito letra por letra.

Entonces llegó la World Wide Web. Nos tardamos semanas en comprender de qué se trataba. Recuerdo perfecto que se necesitaban varios elementos para poder “enlazar” tu computadora con este nuevo ente incomprendido.

El famoso protocolo SLIP (Seríal Line Internet Protocol) era un programa que había que correr primero en tu PC para conectarse a la red. Luego, se debía cargar el navegador, que en aquellas épocas era sinónimo de «Mosaic».

Después de marcar por módem muchas, pero muchas veces, hasta tener una conexión estable y poder correr el SLIP, finalmente  se cargaba el «Mosaic» y abría una página de inicio, que no recuerdo bien que mostraba, pero que te permitía navegar libremente.

Para comprobar lo que estaba pasando, recuerdo que tenía uno de esos globos terráqueos cerca. Lo tomé en mis manos y dije “a ver, ¿qué está realmente lejos?”, pues Australia. Así es que conseguí -no me pregunten como- la dirección “web” de una universidad en Melbourne, la escribí en el navegador y en un par de segundos, comenzó a aparecer información y, creo, un pequeño gráfico. ¡Esto no puede ser! ¡Me está llegando en este momento información de un lugar remoto, muy lejano, y no se tarda nada!

Al escribir esto, simplemente recuerdo la emoción y me vuelvo a emocionar. Los que llevamos un rato en esto, nos ha tocado vivir realmente una revolución sin precedentes. Pero como todo, siempre hubo un comienzo y esa primera vez que navegué por Internet está grabada en mi memoria, como si hubiera sido ayer.