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¿De verdad nos importa el cambio climático?

La gente se manifiesta en las calles pero: ¿de verdad les importa o es una moda más?

Los últimos cuatro años han sido los más calurosos de la historia, se anuncia en la cumbre de cambio climático que se está llevando acabo en estos días, y las temperaturas invernales del Ártico han aumentado 3 °C desde 1990.

Los niveles del mar están subiendo, los arrecifes de coral se mueren y estamos empezando a ver el impacto fatal del cambio climático en la salud a través de la contaminación del aire, las olas de calor y los riesgos en la seguridad alimentaria.

Se considera que el hombre es la principal causa del mismo. El cambio climático genera el calentamiento global y se tienen datos que apuntan al desarrollo de la industria, en donde en el último par de siglos hemos quemado carbón y combustible fósil, generando así un incremento de la temperatura en el planeta.

El aumento no es de muchos grados, pero esta diferencia puede hacer que se derritan los polos, que haya inundaciones, más incendios, desertificación y desde luego, muerte de muchas especies.

El Secretario General de la ONU, António Guterres ha hecho un llamamiento a todos los líderes para que acudan a Nueva York el 23 de septiembre con planes concretos y realistas para mejorar sus contribuciones concretas a nivel nacional para 2020, siguiendo la directriz de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 45% en los próximos diez años y a cero para 2050.

Pero lo que ha llamado más la atención y que «es nota» para el periodismo mundial, es la participación de Greta Thunberg, de 16 años, estudiante de origen sueco.

¿Quién es Greta Thuberg?

Greta Thunberg

De acuerdo con la Wikipedia, en agosto de 2018 se convirtió en una destacada figura dentro de las huelgas estudiantiles realizadas en las afueras del Riksdag (Parlamento sueco), generando conciencia hacia el cambio climático.​

En noviembre de 2018, habló en TEDx Estocolmo e inició el movimiento Fridays For Future, y en diciembre de 2018, ofreció un discurso ante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2018 (COP24). En marzo de 2019, fue nominada para el Premio Nobel de la paz por un grupo de parlamentarios noruegos.

Hace algunos días, encabezó una manifestación a nivel mundial, en donde se unieron cientos de miles de personas, en diversos países del mundo, pidiendo que se tomen acciones para evitar la catástrofe que parece ser ya se avecina y que muchos científicos piensan que no es reversible.

Acciones en favor del ambiente

Pero pensemos un poco en esas manifestaciones multitudinarias. Probablemente mucha de esas personas que fueron a manifestarse fueron y se regresaron en sus autos a sus casas. Y en el calor del día consumieron agua en envases de plástico, y generaron mucha basura.

Pero no hablamos de eso porque la emergencia es tal, de acuerdo a los medios que toman la siguiente bandera para generar noticias, que lo que importa es las manifestaciones de miles y miles de personas, aunque al final del día todo esto sea como escupir al cielo.

Y ése es el punto: alarmémonos por la crisis ambiental, pero como sabemos que realmente los gobiernos son los que pueden hacer las acciones pertinentes, entonces tomamos la protesta como una mera manifestación de ideas pero no de acciones.

Así, vamos a ver si los gobiernos decidieran, por ejemplo, minimizar el uso del transporte privado. Ya veríamos las protestas contra semejante idea. O digamos que mañana muchos gobiernos deciden minimizar los viajes en avión.

No, eso no puede hacerse en este mundo globalizado en donde hay tanto dinero en el comercio de bienes y servicios a nivel mundial. ¿Entonces? ¿Para qué nos manifestamos? Para que se tomen acciones que no nos toquen nuestra zona de confort porque si nos tocan nuestra comodidad, nuestra manera de vivir, seguramente saldremos a protestar, ahora sí enojados.

¿Es tarde para reparar el daño?

Simon Clark, un físico recientemente egresado de su doctorado, en física atmosférica teórica y que además, tiene un canal en YouTube sobre precisamente, cómo hacer un doctorado en ciencias, ya ha mencionado que los datos de su trabajo doctoral arrojan que el calentamiento global ya no se puede detener.

Las consecuencias de esto no están claras para nadie pero no parecen ser buenas para la raza humana ni para el planeta Tierra. Y ojo, no tenemos otro planeta para irnos de éste. Digamos que estamos atrapados en este mundo.

Estamos en un círculo del cual no podemos salir. Si reducimos drásticamente los gases de invernadero, el dióxido de carbono, producto de la actividad industrial humana, la economía mundial tendrá un descalabro y la recesión será un eufemismo a algo muchísimo más grave. Pero si no reducimos los índices de CO2, entonces estamos en un peligro enorme en donde las consecuencias para la vida en el planeta podrían ser catastróficas.

No dudo que haya personas realmente preocupadas por el calentamiento global y que de verdad no les importe sacrificar un poco sus comodidades si eso sirve para solucionar el problema, al menos parcialmente.

El asunto es que algo hay que hacer. Los duros discursos de la jóven sueca, o la cara de enfado al ver a Trump en la reunión, son meras anécdotas que hacen feliz a los medios, pero que no arregla nada ni sirven para hallar solución alguna.

Vivimos de alguna manera en una simulación donde esperamos que otros, los que tienen el poder político, hagan lo que tienen que hacer, tomen acciones y resuelvan la problemática aunque quizás ni siquiera sepan qué hay que hacer. Mientras tanto, observemos con detenimiento las noticias sobre el calentamiento global y cataloguemos el nivel de alarma que nos quieren imponer, el nivel de miedo, porque eso vende.

Y como hay una crisis ambiental, los medios están felices porque como todos hablan de esto, buscan mantener en vilo a las poblaciones, sin aterrizar las ideas, porque el miedo irracional es muy comercial.