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En unocero se ha hablado muchas veces de la obsolescencia programada, la cual podríamos definir como toda esta tecnología que usamos y que de pronto se vuelve obsoleta, vieja, antigua, quizás a los dos años de uso, aproximadamente. Así, resulta que nuestro flamante teléfono inteligente ya es patéticamente viejo. Su pantalla de 5 pulgadas resulta insuficiente por ejemplo, y además, las nuevas versiones de los respectivos sistemas operativos móviles siguen saliendo y ya tal vez nuestro dispositivo simplemente no los soporta.

Esta obsolescencia programada pienso, es producto de dos cosas: i. el avance natural que la propia tecnología impone y ii. una actitud de los que fabrican dispositivos electrónicos que saben cómo hacer para que lo que hoy compramos se vuelva obsoleto en pocos años. No es pues, una cuestión casual. Es claro que las empresas programan sus desarrollos y esto a la larga hacen que duren una cantidad de tiempo en el mercado. Para muestra, puedo decirles que empresas como AMD, Qualcomm o Intel, entre muchas otras, tienen planes para los próximos diez años al menos. Por ejemplo, AMD produce microprocesadores con tecnologías de una treintena de nanómetros pero desde hace tres o cuatro años ya trabajan con idea de hacer chips con tecnologías de 16 nanómetros. No importa si no tienen esta tecnología. Lo que es claro es que tienen trazados sus planes a corto, mediano y largo plazo, sin duda. Esto, dicho de otra manera, indica que las empresas de tecnología no se duermen en sus laureles y siempre están buscando mejorar sus productos. Tal vez saben que “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”.

Pero no hay que irse demasiado lejos para ver que la tecnología obsoleta ya está en todas partes. Veo uno de mis libreros y hallo una buena cantidad de CDs y DVDs de datos y programas. Esta era la manera en como se respaldaba hace unos años o bien, la forma en que nos llegaba el software para instalarlo en nuestras computadoras. Ni qué decir de los discos de 3.5 pulgadas que tengo acumulados en un rincón de mi oficina, o las decenas de discos de 5.25 pulgadas de mi máquina Apple //e de los años ochentas que francamente era una maravilla. Todo eso está aquí, durmiendo el sueño de los justos y para colmo, mientras pasa el tiempo, el sustrato de los discos compactos y DVDs empieza a degradarse de forma que sé que ya algunos discos con unos ocho o diez años de haber sido grabados, tengan probablemente errores de lectura. Son parte de nuevo de esta obsolescencia programada que de verdad, ya convive con nosotros.

¿Qué se puede hacer? No mucho. Hay que portar nuestra información a las nuevas tecnologías que efectivamente en un par de años veremos como obsoletas. Probablemente algunas de ellas se mantengan por más tiempo. No lo sé, pero es evidente que si no queremos perder información valiosa para nosotros, tendremos que respaldar, por ejemplo, ya no en CDs o DVDs -que van de salida- sino en la nube. Hacerse de un servicio de paga que por menos de 10 dólares me dan una buena cantidad de gigabytes para respaldar mi información en quién sabe qué servidores, pero que me garantizará que mis datos estén ahí para cuando los necesite, es algo que a la larga se volverá invaluable.

Yo no esperé más y ya tengo uno de estos servicios. Me decidí cuando vi una caja con una serie de casetes de video betamax y VHS que contendrán maravillosos programas de TV o documentales emocionantes que vi hace años. Puede ser que contengan video películas familiares en donde pueda volver a recordar viejos tiempos con mis padres y hermanos. Pero todo eso está ahí, ya casi inaccesible porque grabadora VHS o betamax ya no tengo y además, no sé si las cintas conservan dichas imágenes. Ese fue el momento en que pensé que había llegado el momento de hacerle frente de la mejor manera a esta obsolescencia que siempre nos alcanza. Yo sugiero que los que me leen, tomen las acciones correspondientes.

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