dilbert

El creador de la tira cómica Dilbert, Scott Adams, ha escrito un  interesante artículo en donde reta la opinión popular de que hay que hacer lo que uno le apasiona para tener éxito en la vida. ¿Cuáles son los argumentos del caricaturista? Tal vez no sean ciertos, pero su reflexión no deja de ser interesante.

Nos han dicho una y otra vez que hay que apasionarse por lo que uno hace, pues he ahí el truco del éxito. Sin embargo, Scott Adams piensa lo contrario, es decir que si usted quiere tener éxito en su profesión quizás lo mejor que puede hacer es olvidarse de esa pasión y de las metas por realizar. Adams piensa que es fácil apasionarse al hacer algo y que eso distorsiona nuestras impresiones sobre la importancia de la pasión. Aquellos que no trabajan con pasión -lo cual es la mayoría- poco a poco van dejando la pasión, en la medida que van fallando. Mientras que los pocos que continúan trabajando, se vuelven más emocionados en la medida que van teniendo éxito.

Dicho de otra manera, pareciera que el proyecto que nos apasiona fuese el que mejores resultados tiene, pero objetivamente la pasión se mueve con éxito. El éxito es la causa de la pasión más que la pasión es la causa del éxito, nos dice el caricaturista. Así concluye que si uno es exitoso, la pasión probablemente lo seguirá.

Por otra parte, Adams piensa que las metas por sí mismas limitan el alcance de lo que podemos hacer. El enfoque más inteligente es tener un sistema en donde constantemente se busquen nuevas opciones, pues esto hace que las ideas familiares se vean de forma nueva e inusual. Para ponerlo en blanco y negro, “las metas son para los perdedores”. Si se logra la meta buscada, uno celebra y se siente fenomenal, pero de pronto pasa que uno se da cuenta de las cosas perdidas que le dan a uno propósito y dirección. Las opciones son entonces sentirse vacío e inútil, tal vez gozando lo efímero del lograr la meta. Muchas veces entonces nos trazamos nuevas metas y retomamos el ciclo permanente del pre-fracaso exitoso.

El artículo del creador de Dilbert no tiene desperdicio. Aparte de ser una narración inteligente, es divertida. Puede leerse aquí.

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