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Por alguna razón que no alcanzo a entender, Linux no tiene la popularidad que merece. La realidad es que en las múltiples versiones de Linux, en las diversas “distros” que hay disponibles, se ha trabajado muy duro para dotar a los usuarios de un ambiente en donde la mayoría pudiesen sentirse cómodos. Sin embargo, pareciera que el nicho de Linux sigue siendo para expertos, “geeks”, clavados en el cómputo y especialistas en Unix.

La realidad es que las cosas han cambiado de tal manera que prácticamente cualquier distribución de Linux ya pone al usuario en una interfaz gráfica tan parecida y muchas veces mejor, a la que vemos por ejemplo en Windows. No obstante esto, Linux sigue sin poder permear en el gusto de los usuarios.

Y pienso en Windows 8. Quien lo haya usado habrá de pronto notado algunas dificultades porque de alguna forma no podemos hacer las cosas como las hacíamos en las versiones anteriores de Windows. Ahora esta interfaz con los cuadros de colores (“tiles”) de lo que antes se denominaba como la interfaz “metro”, parece hacernos la vida más difícil en lugar de hacérnoslas más sencilla.

Y si es cierto lo que digo, mi pregunta es ¿por qué no nos deshacemos de Windows 8? Curiosamente, quienes empezaron a usar esta novísima versión de este sistema operativo habrán notado la falta que hace el botón de inicio y tan es así, que Microsoft decidió ponerlo de nuevo en la versión 8.1. Entonces ¿qué pasó? Bueno, nos regresaron un elemento fundamental de lo que hacíamos en la interfaz y entonces “decidimos darle otra oportunidad”.

En mi opinión, no es que seamos tan amables con la nueva interfaz de Windows, sino que de alguna manera Microsoft la impone en los equipos. Teniendo a muchos fabricantes que ponen Windows como el sistema operativo incluido en las máquinas y por ende, los usuarios estamos ya usando este sistema, lo conozcamos o no. Y eventualmente, con el paso del tiempo y la necesidad de usar la computadora, terminamos “agarrándole la onda” y sintiéndonos cómodos con la manera en como funciona la interfaz gráfica.

Tal vez entonces, regresando a Linux, la mejor manera de que se use este sistema operativo es que ya venga en las computadoras por default, como sistema operativo por omisión. Si es así, probablemente empecemos a darle una oportunidad y lo usaremos poco a poco, hasta que sea ya una costumbre y no nos parezca algo alienígena o imposible de usar.

Pienso que esto es la estrategia adecuada para que Linux tenga el lugar que se merece. Sabemos que Microsoft tiene una inercia y nadie quiere aprender cosas nuevas, pero la realidad es que en las modernas interfaces gráficas de Linux, por ejemplo Ubuntu, cualquiera que haya usado una PC con Windows no se sentirá incómodo. Para la mayoría de las labores cotidianas verá que todo es igualmente fácil (o difícil) como lo era en Windows. Será simplemente cuestión de acostumbrarse a algo que finalmente ni es tan complejo ni difícil de usar.

Si le quitamos ese halo de sistema operativo sólo para hackers y expertos, pudiese ser que Linux empezara -ahora sí- a remontar vuelo. Me gustaría que así fuese, porque de verdad, Linux no le pide nada a Windows.

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