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¿Te gusta verificar tu correo electrónico del trabajo en fines de semana o en días festivos? En Francia, en donde a los empleados se les ha concedido el “Derecho a Desconectarse”, ahora es algo que está en contra de la ley.

Enterrada dentro de una recientemente aprobada (y muy disputada) reforma laboral francesa, está una enmienda que prohíbe a las empresas de 50 o más empleados enviar correos electrónicos después de las horas de trabajo normales. El “Derecho a Desconectarse”, como se hace llamar, está dirigido a minimizar los impactos negativos de estar enchufado en exceso.

“Todos los estudios muestran que hay mucho más estrés relacionado con el trabajo hoy en día que antes y que éste es constante. Los empleados dejan físicamente la oficina, pero no dejan su trabajo. Ellos permanecen unidos por una especie de lazo electrónico, como un perro. Los textos, los mensajes y los correos electrónicos colonizan la vida del individuo hasta el punto en que él o ella finalmente se rompe”, declaró el ministro de educación nacional, Benoit Hamon.

El desgaste relacionado con el trabajo parece ser una preocupación creciente por el gobierno francés. En febrero, la ministro de salud de Francia, Marisol Touraine, formó un grupo de trabajo en un esfuerzo por definir y tratar el agotamiento relacionado con el trabajo. De acuerdo con un artículo de abril en el diario francés Les Echos, aproximadamente 1 de cada 10 empleados de la fuerza laboral de la nación está en un alto riesgo de desgaste relacionado con el trabajo.

Bajo la nueva ley, las empresas están obligadas a negociar políticas formales para limitar la propagación de trabajo, específicamente en lo que está relacionado con la tecnología digital en la vida privada de los empleados. Esto implicará que las compañías establezcan cartas de buena conducta que especifiquen las horas, normalmente por las tardes y los fines de semana, de cuando no se supone que los empleados tengan que enviar o recibir correo electrónico.

Algunos han alabado esta cláusula como una victoria en la batalla contra el exceso de conectividad. Por ejemplo, Lauren Collins de The New Yorker, escribe que el derecho a desconectarse no es necesariamente una obligación, pero sí una oportunidad para reclamar un poco de espacio para respirar, para darse cuenta de que el mundo no deja de girar o de generar palabras sin una vigilancia constante de una persona.

Al mismo tiempo, otras personas creen que la ley no va lo suficientemente lejos. Jon Whittle, un investigador de Digital Brain Switch, un proyecto del Reino Unido que vigila los impactos de la tecnología digital en el balance de la vida, dijo a The Washington Post que algunos empleados pueden sentirse aún más abrumados ante la idea de volver, por la mañana o después de vacaciones, a una avalancha de mensajes de correo electrónico.

Por ahora no existe una sanción definida por violar la ley, ya que se espera que las empresas se adhieran a ella voluntariamente. Ésta es parte de una serie de reformas laborales en Francia, conocida como El Khomri, por el apellido de la ministra de trabajo Myriam El Khomri, que han puesto a los ciudadanos descontentos.

Estas reformas van en la misma línea de las medidas reclamadas por Bruselas y sigue el ejemplo de otras leyes laborales como las aprobadas en España en 2010 y 2012, algo que ha puesto a los ciudadanos descontentos, ya que los jóvenes son quienes serían los peores afectados, sobre todo porque facilitarían el despido de empleados e impondrían un tope en las indemnizaciones.

Referencias: The New Yorker, Washington Post, Metro

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