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En 1983, en la televisión pública (el Canal 13 de Imevisión era la televisora del Gobierno antes de que se privatizara y convirtiera en TV Azteca) surgió un programa en el que se mostraban imágenes de ciudadanos que cometía infracciones, como desperdiciar agua o pasarse un alto, y de autoridades que cometían actos de corrupción o de negligencia.

Se llamaba “Ciudadano Infraganti” creado y conducido por un productor de televisión llamado Oscar Cadena, y consistía en que él y un camarógrafo salían a la calle para ver, por ejemplo, quién se estacionaba en lugares prohibidos, qué Policía estaba pidiendo mordidas o qué vecinos tiraban basura en la calle para presentarlos en una emisión de 30 minutos los domingos por la noche.

Rápidamente se convirtió en un programa muy popular, que alcanzó un gran éxito en una época donde la televisión, y particularmente ese horario, estaba dominada por producciones como “Siempre en Domingo”. Su éxito fue tal, que a finales de los 80, el mismo Emilio Azcárraga Milmo se llevó a Cadena a Televisa, donde siguió haciendo el programa hasta finales de los 90.

Los mejores momento de ese programa se vivieron cuando no existían los teléfonos celulares, ni internet y mucho menos las redes sociales, por lo que la audiencia tenía que esperar varios días para ver lo que pasaba en las calles en medio de acontecimientos como los terremotos de 1985 o las explosiones de San Juanico en 1984. La información no corría tan rápido como ahora.

Volvamos al siglo 21. Uno de los elementos que usaba Oscar Cadena en su programa era el humor, incluyendo breves sketches sobre los casos que denunciaba, algo muy similar a lo que hoy hacen, de manera más irreverente, Los Supercívicos, quienes no salen en televisión, pero se han hecho muy populares en las redes sociales.

Ellos se caracterizan en diferentes personajes (o salen de ellos mismos) para, por ejemplo, denunciar a personas que no respetan los carriles reservados para ciclistas o los negocios que usan cubetas o cilindros de cemento para apartar lugares de estacionamiento. Son una especie de “Ciudadano Infraganti” desde la sociedad civil que aprovechan las redes sociales.

Otro caso similar es el del “city manager” de la Delegación Miguel Hidalgo, Arne aus den Ruthen, quien desde hace unos meses empezó a salir a la calle a realizar diversos operativos, como retirar tiraderos ilegales de basura o liberar la vía pública, utilizando su smartphone para transmitirlos vía Periscope y mostrando a las personas que se negaban a cumplir las indicaciones de la autoridad. Él es una especie de “Ciudadano Infraganti”, pero desde el lado de la autoridad y que transmite en tiempo real y sin edición.

Hace unos días, tuve la oportunidad de platicar con Oscar Cadena y le pregunté qué pensaba de las acciones que hoy realizan Los Supercívicos y Arne, las cuales no son muy diferentes a las que él llevaba a cabo hace más de 30 años.

Sobre la fórmula de Los Supercívicos, me dijo que era una excelente idea, ya que el humor es una gran manera de llegar a las audiencias, y sobre Arne opina que es una buena forma de hacer cumplir la ley en una sociedad que se ha vuelto cada vez más anárquica.

También me dijo que le parecía que las personas deberían de aprovechar la cámara de su celular para que, en vez de tomarse selfies, graben lo que pase a su alrededor, ya que es una manera de denunciar los problemas que le aquejan a las personas porque, cuando él hacía su programa, había gente que se le acercaba y le decía cosas como “ya no tiro basura desde que veo su programa”. Es decir, la denuncia que presentaba generaba conciencia en la audiencia.

Después leí un artículo de Ignacio Burgoa y Francisco Esquinca en el portal Horizontal.mx donde concluyen que grabar a la gente en Periscope, como lo hace Arne, puede se un acto ilegal y de abuso de autoridad, pero que también existe un vacío legal muy grande en esa materia.

También leí un comunicado de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (todavía no le cambian el nombre a “Ciudad de México”) que decía que les preocupaba la utilización de Periscope para exhibir “a personas que hubieran realizado conductas que probablemente constituían una falta administrativa, sin que las autoridades observen las obligaciones que tienen en materia de protección de datos personales, al ser la imagen de una persona un dato personal que la hace identificable por sus rasgos físicos”.

Es decir, la CDHDF invitaba a Arne a no volver a presentar en su Periscope a guaruras que lo golpeaban, vigilantes que lo encañonaban o señoras que se negaran a recoger su basura porque eso atenta contra los derechos humanos de esas personas.

Por último, ante un comentario que hice en Facebook, una colega me decía que efectivamente lo que hace Arne es un acto ilegal, por lo que no se podía hacer respetar la ley violándola. Alguien más en Twitter me decía que lo que quiere Arne es protagonismo, por lo que las imágenes de su Periscope carecían de credibilidad.

Ante esto, le eché un vistazo a la Constitución (esa que ya deberían estar festejando porque en febrero del año que entra cumple su centenario) y en el Artículo 16 dice que “nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de un mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento”.

Es un hecho que la tecnología avanza más rápido que la ley, por lo que querer controlar algo como las redes sociales a partir de decretos y reglamentos es algo difícil y, en cierta medida, hasta ridículo; por ello, hasta hoy, se trata más de un asunto más inclinado hacia la moralidad que a la legalidad.

Por otra parte, las autoridades de la Ciudad de México han sido incapaces de hacer cumplir la ley que ya existe, por lo que prevalecen los microbuses que pueden matar a una o varias personas, los guaruras que amenazan a los que les reclamen cualquier cosa o los valet parkings que estacionan los coches en las banquetas, sin contar vendedores ambulantes, traficantes de droga y Policías que piden mordidas a automovilistas o franeleros. Todos ellos trabajan muy a gusto en las calles.

El único objeto que casi cualquier ciudadano trae en el bolsillo es un teléfono celular, y casi todos esos dispositivos ya están equipados con una cámara, por lo que podría ser una buena herramienta para que las personas tomen el poder y sean capaces de denunciar lo que les parece que está mal, pero resulta que eso es tan ilegal como usarlo para subir un video porno o para cometer un acto de extorsión.

Según los expertos en leyes y derechos humanos, convertirse en un “Ciudadano Infraganti” es ilegal, así que cuando veamos un acto ilegal en la calle, debemos llamar a un Policía o a la autoridad correspondiente para que lo resuelva. Mientras esperamos, podemos seguir tomándonos selfies y jugando Candy Crush.

Ante todo esto, por ahora, un celular, una cuenta de Periscope y un perfil de Facebook no sirven para hacer justicia, al menos en la Ciudad de México, porque podría ser considerado ilegal. En 2016, ser un “Ciudadano Infraganti”, es imposible.

Así de simple.

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