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Hace 40 años el Concorde cruzaba el Atlántico a velocidades supersónicas por primera vez. Esto ocurrio a fines de septiembre de 1973 y el vuelo fue de Washington D.C. a París. El vuelo se hizo en 3 horas y 32 minutos. En el 2003, Air France y British Airways retiraron la nave que podía volar a casi el doble de la velocidad del sonido debido a los altos costos de mantenimiento y a la poca cantidad de pasajeros que soliciban este servicio ultrarrápido, probablemente por los costos de los pasajes. Igualmente, el accidente del Concorde del año 2000 terminó por cerrar el ciclo de los viajes supersónicos.

El Concorde tenía una pantalla digital al frente de la cabina que mostraba a los pasajeros a la velocidad que iba. En algún momento se alcanzaba los 2.02 Mach, es decir, 2.02 veces la velocidad del sonido, que en el aire es de unos 340 m/seg. Esto, en términos más comunes de medición equivalía a 2092.1 kms/hora, algo francamente asombroso. El altímetro marcaba 15,545 metros de altura y eventualmente se podía llegar a los 16,459 metros. Las velocidades de Mach 1.7 y 2.02 se alcanzaban ya en el océano, para evitar el boom supersónico. Después de la primera media hora, después de iniciar el vuelo, se podían ya ver los valores de Mach 1.7 en adelante en la pantalla de la aeronave.

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Más de uno podría preguntar si se sentía algo diferente a esta enorme velocidad. La realidad es que ya Newton nos había enseñado, hace muchísimos años, que la velocidad (sin aceleración) es equivalente a estar en reposo, es decir, no se siente nada en particular, por lo que no hubo ninguna sensación particular ir a esa velocidad. Hubo cuatro versiones del Concorde que realmente volaron, en donde los asientos eran de piel y en donde cabían cómodamente sentadas 108 personas.

“Se hicieron vuelos de prueba a Islandia y de regreso y se recorrieron 3700 millas sin detenernos”, indica Gilbert Defer, uno de los pilotos de dicha nave. “De hecho, estábamos preparados para volar de París a Washington antes del vuelo inaugural con una docena de congresistas norteamericanos solamente para demostrar qué tan rápido y fácil era hacer estos vuelos. Pero alguien en British Airways y en el gobierno francés vetaron la idea al último minuto por temor a las críticas de los ambientalistas”. Sin embargo, ya había planeados muchos vuelos a aeropuertos importantes en Estados Unidos, uno de ellos, el súper aeropuerto de Dallas-Forth Worth.

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Es una pena que ya no existan estas asombrosas naves. Eran espectaculares. ¿a poco n0?

Referencias:

Popular Science

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